Texto: Los Buscadores de Tesoros

Washington Irving


Cuento


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Extracto de Los Buscadores de Tesoros

—En pocas palabras, si no estoy equivocado —dijo Tomás audazmente—, usted es el mismísimo demonio, como se le llama corrientemente.

—El mismo, a sus órdenes —respondió el hombre negro, con una inclinación de cabeza que quería ser cortés.

Así empezó esta conversación de acuerdo con la antigua leyenda, aunque parece demasiado pacífica para que podamos creerla. Uno se siente tentado a pensar que un encuentro con tal personaje, en un lugar tan desolado y lejos de toda habitación humana, era para hacer saltar los nervios de cualquier hombre, pero Tomás era de temple férreo, no se asustaba fácilmente, y había vivido tanto tiempo con una harpía, que ya no temía ni al mismo diablo.

Se cuenta que después de estas palabras iniciales, mientras Tomás seguía su camino hacia su casa, ambos personajes mantuvieron una larga y seria conferencia. El hombre negro le habló de grandes sumas de dinero, enterradas por Kidd el pirata bajo los árboles de la colina, no lejos del pantano. Todos estos tesoros estaban a disposición del hombre negro, quien los había puesto bajo su custodia. Ofreció dárselos a Tomás, por sentir una cierta inclinación hacia él, pero sólo en determinadas condiciones.


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Se incorporó a textos.info el 22 de agosto de 2016 por Edu Robsy.
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82 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 2 horas, 24 minutos.