Texto: Las Dos Dianas
de Alejandro Dumas


Novela


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Las Dos Dianas

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Edición física


Fragmento de Las Dos Dianas

—¡Qué salvaje tan cohibido! —exclamó Francisco I—. ¿Habéis visto jamás, Diana, otro caso de timidez semejante? Vos, que sois la diosa de las selvas, ¿encontrasteis nunca un ciervo tan asustadizo? ¡Maldito defecto!

—¿Quiere vuestra majestad que me encargue yo de corregir al señor delfín? —preguntó Diana, sonriendo.

—Sería difícil encontrar en el mundo maestro más hermoso ni aprendizaje más dulce.

—Dadle, pues, por corregido señor: yo me encargo de ello.

No tardó en alcanzar al fugitivo.

El conde de Montgomery prestaba servicio aquel día, pero no en el Louvre; Diana de Poitiers podía maniobrar sin peligro.

—¿Tanto os horrorizo, monseñor?

Con esta pregunta comenzó Diana la conversación… que se prolongó considerablemente.

Cómo terminó el diálogo, cómo pasaron inadvertidas para la cortesana las necedades que el príncipe dijo, cómo supo admirar todas sus palabras, cómo Enrique se despidió convencido de que había estado ingenioso, espiritual y encantador, cómo llegó, en efecto a serlo, y como, en fin, fue ella su dueña y señora en todos los sentidos, y le dio al mismo tiempo órdenes, lecciones y horas de embriaguez, son detalles que entran de lleno en esa comedia eterna y de traducción imposible que se representará siempre, pero que nunca se escribirá.


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894 págs. / 1 día, 2 horas, 5 minutos.
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Publicado el 10 de marzo de 2017 por Edu Robsy.


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