Texto: Los Hermanos Corsos
de Alejandro Dumas


Novela


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Los Hermanos Corsos

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Fragmento de Los Hermanos Corsos

Miré sorprendido a ese joven que me aseguraba una cosa tan extraña sin parecer albergar la menor duda; su madre, por lo demás, parecía abrigar la misma convicción.

La señora de Franchi sonrió tristemente y dijo:

—Los ausentes están en la mano de Dios. Lo principal es que estés seguro de que esté vivo.

—Si estuviera muerto —dijo tranquilamente Lucien—, lo hubiera vuelto a ver.

—Y me lo hubieras dicho, ¿verdad, hijo mío?

—¡Claro! En el mismo instante; se lo juro, madre.

—Bien… disculpe usted —añadió, volviéndose hacia mí—, que no haya podido reprimir mis inquietudes maternales: es que Louis y Lucien no solo son hijos míos, sino los últimos que ostentan nuestro apellido. Tenga la bondad de sentarse a mi derecha… Lucien, tú ponte aquí.

Y señaló al joven el asiento vacante a su izquierda.

Nos sentamos en el extremo de una larga mesa, en cuya punta opuesta estaban puestos seis cubiertos más, destinados a lo que se denomina en Córcega la familia, es decir para esos personajes que en las casas ilustres ocupan el espacio intermedio entre los señores y los criados.


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95 págs. / 2 horas, 46 minutos.
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Publicado el 19 de marzo de 2017 por Edu Robsy.


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