Texto: Eugenio Oneguin
de Aleksandr Pushkin


Novela


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Eugenio Oneguin

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Fragmento de Eugenio Oneguin

¡La pasión del juego! En los pasados años, ni el amor a la libertad, ni Febo, ni la amistad, ni los festines, nada podía apartarme del juego de las cartas. Toda la noche, hasta el amanecer, pensativo, interrogaba al legado del Destino: «¿Caerá a la izquierda el valet?». Ya tocan a misa; en medio de las tiradas cartas dormitaba el cansado banquero, y yo continuaba igual, pálido y atento, lleno de esperanzas; entornando los ojos, plegaba la esquina de mi tercer as. Ya no soy el mismo: lleno de sangre fría, me confío a la caprichosa suerte; no pongo la carta sombría con terror, fijándome en el secreto; dejo en paz la tiza, y la fatal palabra attendez no me viene a la boca. También me he desacostumbrado de la rima. ¿Qué voy a hacer? Entre nosotros, diré que me he cansado de todo; amigos, uno de estos días intentaré ocuparme de versos blancos. Cuando recurrimos al amparo de la bandera de la tranquilidad sensata, cuando se apaga la llama de las pasiones, nos parecen ridículos sus ímpetus, su poder, sus tardíos llamamientos, calmados no sin dificultad; a veces nos gusta oír la voz rebelde de las pasiones ajenas, que conmueve nuestro corazón, igual que el veterano inválido, en su olvidada cabaña, presta atención de buena gana a los relatos de los jóvenes con bigote. Sin embargo, la fogosa juventud no puede ocultar nada; siempre está a punto de charlar, de discusiones, de amor, de tristeza, de alegría. En materia de amor, Onieguin, considerándose un inválido, escuchaba con cara impasible de qué modo se entregaba el corazón del poeta amante de la confesión. Eugenio conoció sin dificultad la tierna novela de su amor; este relato lleno de sentimientos, que desde hace tiempo ya no es nuevo para nosotros. ¡Ah!, él amaba como ya no se ama en nuestra época, como sólo el alma extravagante del poeta está condenada a amar, siempre, en cualquier lugar, el mismo sueño, el habitual deseo, la acostumbrada tristeza. Ni las grandes distancias, ni los largos años de separación, ni el tiempo consagrado a las Musas, ni las bellezas extranjeras, ni el alegre barullo, ni la ciencia, cambiaron su alma, animada por fuego virginal.


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109 págs. / 3 horas, 11 minutos.
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Publicado el 12 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.


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