Primer poemario de la autora
Libro de poesías donde la autora expresaba sus deseos como mujer y describía su condición de madre soltera sin ningún tipo de complejo, se publicó en 1916, aunque nunca le pudo pagar la edición al impresor. Lo escribió en su trabajo mientras dictaba órdenes y correspondencias a la mecanógrafa. En un encuentro que tuvo con el poeta Félix Visillac, le leyó los versos; al terminar, este le propuso acompañarla a la imprenta de Miguel Calvello, quien aceptó imprimir el libro a cambio de quinientos pesos por quinientos ejemplares. Alfonsina aceptó pero nunca pagó la cuenta porque no logró reunir el dinero.
El libro no tuvo una buena aceptación. La revista «Nosotros», de Roberto Giusti y Alfredo Bianchi, le dedicó media página en marzo de 1916 diciendo: «libro de una poeta joven y que no ha logrado todavía la integridad de sus cualidades, pero que en el futuro ha de darnos más de una valiosa producción literaria». Llevó a Rosario cien ejemplares y le comentó a su madre que había vendido muy pocos ejemplares por ser una escritora inmoral.
La publicación de este libro le permitió ingresar a los cenáculos[b] de escritores, como la primera mujer en integrarlo. Además, la ayuda del poeta Juan Julián Lastra y las colaboraciones en Caras y Caretas le permitieron relacionarse con los editores de la revista Nosotros, una revista literaria que reunía a los escritores más conocidos. A las reuniones asistía llevando su libro como carta de presentación. Su primera reunión fue una comida en homenaje a Manuel Gálvez, quien festejaba el éxito de su obra «El mal metafísico». En esta oportunidad, Alfonsina recitó algunos de sus versos y otros de Arturo Capdevilla, y se destacó su voz metálica.
A raíz de algunas críticas de sus jefes en su trabajo de corresponsal psicológico, quienes no veían bien que la escritora de un libro que lindaba con la inmoralidad trabajase allí, tuvo que renunciar. Le prometieron dejarla seguir si les aseguraba que no volvería a repetirse, pero ella no aceptó.
