Texto: Los Hermanos Van Buck
de Alfred de Musset


Cuento


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Los Hermanos Van Buck

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Edición física


Fragmento de Los Hermanos Van Buck

No se les ocurrió faltar; con sus ropas de los domingos, a la caída del sol se dirigieron a casa de su viejo amigo, y se sentaron a la mesa casi de inmediato. Apenas Thomas Heermans golpeó la mesa con una intensidad capaz de romper los vasos para demostrar su buen humor, la jovencita, con un andar tímido y los codos pegados al cuerpo, fue a sentarse entre los dos jóvenes, ruborizada.

Pese a los esfuerzos del orfebre, la cena fue más bien silenciosa; él mismo, tras haber agotado su inicial alegría, se vio obligado a mirar a su querida hija sonriendo; los grabadores conservaban un frío comedimiento y no intercambiaron entre ellos ni una sola mirada. Por la noche, cuando regresaron a su casa, se metieron en la cama sin decir ni palabra, en contra de su costumbre que era la de charlar acerca de los acontecimientos o del trabajo del día, e incluso, dado que dormían en la misma habitación, prolongar la conversación hasta bastante tarde.

Los dos hermanos se querían mucho; se les veía siempre juntos, en el paseo, en las fiestas, en la caza que les gustaba bastante. Tenían un talento similar y, a veces, el trabajo de uno era firmado por el otro. Además, habríase dicho que el rostro del segundo había sido esculpido copiando el de su hermano; nunca se había visto una unión más hermosa bajo el cielo. Era por lo tanto bastante extraño que parecieran evitar hablarse, incluso mirarse; su conducta había mortificado a su buen vecino; de todas maneras, la noche transcurrió así, aunque cada uno de ellos puedo percatarse de que el otro no dormía; la luna iluminaba la habitación, y a cada instante se removían suspirando. Era evidente que los dos habían recibido simultáneamente un golpe profundo: se habían enamorado de Wilhelmine. Una semana entera transcurrió sin que se dieran ni una sola vez la mano; un silencio contumaz reinó en su taller e inclinados sobre la plancha de cobre, ninguno de los dos volvió un instante la cabeza.


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Publicado el 22 de octubre de 2016 por Edu Robsy.


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