Texto: Los Aduaneros

Alphonse Daudet


Cuento


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Los Aduaneros

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Fragmento de Los Aduaneros

El que mostraba más alegría y satisfacción entre todos era un natural de Bonifacio, tostado, pequeño y rechoncho, a quien llamaban Palombo. Este pasábase el tiempo cantando aun en medio de los mayores temporales. Cuando el oleaje tomaba el color del plomo, cuando el cielo oscuro por la cerrazón llenábase de menudo granizo y venteaban todos la borrasca que iba a venir, entonces, entre el silencio absoluto y la ansiedad de a bordo, comenzaba a canturrear la voz reposada de Palombo:

No, señor,
Es gran honor.
Es honrada Liseta y no fe…a:
Se queda en la alde…a…

Y por muchas que fueran las rachas que hacían crujir el velamen, zarandeando e inundando la barca, no dejaba de oírse la canción del aduanero, balanceada cual una gaviota en la cresta de las olas. El viento acompañaba en ocasiones con demasiada fuerza, y no se oían las palabras; pero después de cada golpe de mar, entre el murmullo del agua que chorreaba, oíase constantemente el estribillo de la canción:


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4 págs. / 7 minutos / 11 visitas.
Publicado el 14 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.