Texto: Cantar de los Nibelungos
de Anónimo


Poema épico


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Cantar de los Nibelungos

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Fragmento de Cantar de los Nibelungos

En compañía de ellos iban Dankwart y su hermano Hagen. Hemos oído contar que estos guerreros llevaban vestidos negros como las alas del cuervo. Nuevos eran sus escudos, buenos, largos y fuertes.

De la India era la pedrería que se veía relucir suntuosamente en sus vestidos. En la orilla dejaron sin guardia la embarcación, y se encaminaron hacia la ciudad aquellos héroes nobles y buenos.

Ochenta y seis torres se elevaban allí, tres palacios y un salón construido magníficamente con mármol verde como la hierba. Allí se hallaba la joven reina y su acompañamiento.

Las puertas de la ciudad se abrieron tan anchas como eran. Los hombres de Brunequilda salieron a su encuentro y los recibieron como a huéspedes, en el país de su soberana. Sus caballos y sus escudos quedaron bajo la custodia de ellos.

Uno de los camareros habló de este modo:

—Dadme vuestras espadas y vuestras bruñidas corazas.

—No podemos concederos eso —respondió Hagen de Troneja—, nosotros mismos queremos llevarlas.


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262 págs. / 7 horas, 39 minutos.
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Publicado el 26 de febrero de 2018 por Edu Robsy.


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