Texto: Oro, Seda, Sangre y Sol, Las novelas del toreo
de Antonio de Hoyos y Vinent


Novela


0


Twitter Facebook


Oro, Seda, Sangre y Sol

Novelas cortas sobre el mundo del toreo

Antonio de Hoyos y Vinent fue un gran aficionado a la fiesta taurina, como acredita buena parte de su obra.

Bajo este título se recogen cuatro novelas cortas y relatos sobre la tauromaquia:

- La estocada de la tarde
- Los héroes de la visera
- San Sebastián, coso taurino
- La torería


Leer en línea

Descargar PDF

Descargar ePub

Descargar Kindle

Edición física

Denunciar texto


Fragmento de Oro, Seda, Sangre y Sol

María había preparado aquella entrevista cuidando, en mujer avezada a tales lances, de todos los detalles de la escenografía romántico-amatoria. Ella era persona de buen gusto y le placía hacer las cosas bien. Decidida a romper, había resuelto buscar un final bonito para aquel idilio, algo poético. Estudió soluciones; la puñalada como remate de los amores toreriles era cosa muy gastada ya; escribir una carta patética, recurso de burguesa primeriza con vistas al «chantage»; cerrarse en la torre de marfil y hacerse inabordable, recurso aburrido, y, en cambio, en aquella entrevista a orillas del río podía decir todas las cosas bonitas que se le pasasen por la cabeza, sin peligro de que le estropeasen la piel, o un juez imprudente leyese sus cartas el día de mañana, o de enmohecerse encerrada en casa. No era, sin embargo, solamente el afán de una sensación romántica lo que le arrastraba a aquella entrevista; era más bien, bajo el frívolo disfraz, una precaución de mujer corrida y que sabe el efecto de ciertas cosas sobre las almas rudas lo que se ocultaba. Bajo su aspecto inconsciente de aturdimiento poseía ella un espíritu sagaz, una facultad observadora admirable, una presencia de ánimo inaudita, y rapidez de determinación que en algunas ocasiones le salvó de los peligros en que su vida aventurera le ponía. En aquélla comprendía que la pasión del torero por ella no podía equipararse con los frívolos devaneos que hasta entonces formaron la liviana urdidumbre de su vida; sentía que se había portado mal con él, que para divertirse unos meses había destrozado la felicidad del muchacho para siempre, y sentía un vago temor por la explosión pasional de su víctima. Julito, parte de buena fe, parte porque los lances sensacionales le encantaban, habíale aconsejado una fuga. María meditó. No. Una fuga no es una solución. En una fuga pueden seguirle a uno y sorprenderle lejos, fuera de su casa y privado de los elementos de defensa que le son a uno familiares; pero, además, de una fuga, tarde o temprano hay que acabar por volver. ¿Una entrevista? Eso era, indudablemente, lo mejor. Claro que había peligro, que era expuesto a cualquier violencia; pero... quien no se aventura, no pasa la mar. Además, si salía bien (y saldría seguramente), ya estaba despejada la incógnita y ella tranquila para siempre.


Reseñas

Este texto no ha recibido aún ninguna valoración.


182 págs. / 5 horas, 19 minutos.
23 visitas.
Publicado el 28 de abril de 2019 por Edu Robsy.


Textos más populares de Antonio de Hoyos y Vinent