Libro gratis: Los Mosquitos Líricos
de Armando Palacio Valdés


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Los Mosquitos Líricos

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Aguas Fuertes


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Fragmento de «Los Mosquitos Líricos»

Voy a hablar de algunos de nuestros mosquitos más distinguidos. Conviene de vez en cuando sacudirse las moscas. Divídense en cuatro grandes familias a cual más perversa y endemoniada. La primera es la de los mosquitos sentimentales, que son los de apariencia más inofensiva, aunque en realidad haya motivo para guardarse bien de ellos. Tienen un zumbido dulce y quejumbroso, que al principio no molesta gran cosa, pero que llega a hacerse insoportable. De estos mosquitos, algunos empiezan a disgustarse de la vida así que entran a cursar la segunda enseñanza; salen generalmente suspensos en los exámenes, reciben innumerables coscorrones del jefe de la familia y se enamoran perdidamente y en secreto de una mujer de treinta años. Hasta aquí sus estragos no pasan del círculo de la familia; mas al llegar a los diez y seis años comienzan a hacer coplas amargas como la hiel, inspiradas por lo común en La desesperación de Espronceda, un estúpido y obsceno poema fabricado por algún estudiante de medicina para deshonrar el nombre del ilustre poeta. Estas coplas se escriben con lápiz mientras los papás se figuran que está allá en su cuarto enfrascado en el estudio, y sólo son admiradas de algún amigo discreto que recíprocamente presenta a su admiración otras coplas no menos amargas. Tal vez que otra estas coplas, que ruedan por los bolsillos de los pantalones hasta que se pudren, caen en manos de la mamá al tiempo de coser o acepillar la ropa: la mamá, claro es, no sabe lo que aquello significa, pero corre a mostrárselo al papá, ¡y aquí fue Troya! Éste considera a su hijo sumido en un piélago de liviandades, se pone lívido, lanza profundos suspiros de congoja, y después de un enérgico discurso, encierra al culpable bajo llave durante ocho días. La mamá, más dispuesta como mujer a los sentimientos dulces, acude a la religión y le lleva a confesar con un sabio jesuita, no sin que el joven poeta proteste sordamente, pues ya han huido de su atormentado espíritu las consoladoras creencias de los primeros años. Aunque pide perdón a su mamá y le promete no volver a escribir porquerías, el mosquito sentimental no puede prescindir de continuar zumbando a escondidas de su familia: las persecuciones, lejos de abatirle, encienden más y más el horno de su inspiración y le acaban de persuadir de que la copa de la vida está llena hasta los bordes de cierto licor ponzoñoso, y que él se encuentra obligado a apurarla hasta las heces. Un periódico semanal de la población se encarga de comunicar este su convencimiento al público, expresado en términos solemnes, aunque sin gramática. Desde esta fecha, nuestro mosquito comienza a gozar de una envidiable reputación que se extiende como mancha de aceite por toda la provincia.


10 págs. / 18 minutos.
24 visitas.
Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.


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