Principio
¿Quién no ha oído hablar de la poesía que promete? Más allá de lo que cada uno de los versos que siguen dice, más allá de las palabras que los componen, alienta una promesa general de renovación y éxito.
El presente libro es una corta antología de la obra del poeta del que nos preguntamos si es falangista porque es poeta o si es poeta porque primero fue falangista. Quiso el hombre salir del paso con diez romances nacidos en la noche mágica del último 18 de Julio, pero al fin este libro ha sido lo que tienes en las manos: una breve antología de urgencia de una obra amplia.
Hombre sin retorno plantea, desde su título, las tres angustias básicas del pensamiento de su autor: la de la Patria, en la que cree profundamente; la del Tiempo, en el que confía, y la de la Esperanza.
Es la suya una postura poética que, afortunadamente, excluye las dudas negras. El poeta cree en sólidas ideas y las explica a golpes de ilusión y hasta de ira. Se alista definitivamente en el futuro y quiere hacer de su palabra espuela, voz amiga que consuele y llamada que convoque a empresas vitales más amplias.
Con este primer libro de poemas, Hombre sin retorno, Editorial Ímpetu se suma también al ya extenso movimiento poético falangista y patriótico, llamado a ser la conciencia más limpia de las ambiciones de un pueblo que no se decide a olvidar ni a abandonar sus sueños. Arturo Robsy no necesita otra presentación: es de sobra conocido en la Menorca vital en la que ejerce de ilusionada conciencia.
El lector le encontrará en la mejor vena del romance, popular y sentidísimo, acusándonos a todos:
Nuestra vergüenza secreta
gritará durante siglos
en el corazón del tiempo.
Ojalá nos mates flechas
antes que soportar yugos,
y en el cielo los luceros,
y los hijos en el mundo,
tachen nuestro nombre negro.
Y, también, poniendo la ilusión a flor de piel, para mejor sentir lo que nos pasa:
Una voz corre los campos,
un viento azul que los rasga,
una bandera que grita,
una promesa que arrastra.
Editorial Ímpetu, con el poeta, os pide a todos que volváis a sentir a España.
Hombre sin retorno
Romance para maldecirnos
¿Dónde están los camaradas
de azul y hierro en el pecho,
los de las ideas anchas,
los del valor y del fuego?
Los juramentos eternos,
el dolor de la victoria,
el ánimo hecho de acero
como bandera de gloria,
y el camino hacia el lucero
donde formar las escuadras,
¿dónde están y qué se han hecho?
¿Dónde están los camaradas
que ardían con fuego eterno?
¿Y las flechas y los yugos
que nos abrían el mundo?
El olvido ha traicionado
las ilusiones de sangre,
y muertos sin nombre callan
en su silencio olvidado
los dolores de la luz
perdida, los de la entraña
rota y de la fe vendida.
¿Ya no hay hombres en España?
¿Dónde estás nuestras heridas?
¿Dónde están los camaradas
de sangre, sudor y hierro
que con los ojos abrían
caminos anchos al tiempo?
¿Dónde están los juramentos
de amor y guerra y esfuerzo,
y las camisas azules,
y la ira alta del recuerdo?
Si nos ha vencido el miedo
sin testimonios de sangre;
si hemos muerto de silencio
y no brillan los luceros
de vergüenza y de coraje,
malditos somos, malditos,
y la Guardia Permanente,
nuestros muertos siempre vivos,
el corazón de cobardes
nos traspase con las flechas
el pecho muerto y ausente.
¿Dónde estamos, camaradas,
solos, tristes de cien muertes?
¿Qué hemos hecho? ¿Qué hemos hecho?
Nuestra vergüenza secreta
gritará durante siglos
en el corazón del tiempo.
Ojalá nos maten flechas
antes que soportar yugos
y en el cielo los luceros
y los hijos en el mundo
tachen nuestro nombre negro.
¿Dónde estamos, camaradas,
azules hijos del viento,
mientras nos rasgan España?
¡Malditos somos, malditos,
hasta el final de los siglos!
Por la Patria y la Justicia
Por la Patria y la Justicia
gritan las piedras de España,
negras piedras, piedras blancas;
gritan también los alcores,
las colinas, las vaguadas,
las verdes hojas, la bruma,
los pinos y las distancias.
Por la Patria y la Justicia
sólo los hombres se callan
y una copla dolorida
corta el silencio a navaja
y envenena la vergüenza.
Sólo los hombres se callan
frente al grito de justicia.
Frente a los gritos de España
hombres libres, sin heridas,
dejan que rujan las aguas,
los ecos de las colinas,
las coplas de las navajas,
los vientos de las llanuras,
las piedras de las vaguadas
y el corazón de los montes.
Hombres con miedo en el alma,
cuando hasta las piedras gritan
por la Justicia y la Patria,
sin lágrimas y sin coplas
se callan su ¡Arriba España!
Mi camisa
Mi camisa la bordó
una máquina sin alma,
no una mujer ni una novia,
ni la mano de una hermana.
Mi camisa no nació
del miedo ni de la rabia:
la tiñeron y borraron
para el tiempo las máquinas.
Pero el azul la redime
y el pecho libre la salva
de la edad de los silencios,
de la intendencia mecánica,
de los perfiles del miedo,
de las opacas palabras
y del servicio de la muerte.
Pero el rojo de mi sangre,
pintura de vida y rabia,
por debajo del azul,
por encima de la calma,
borda en mi camisa nueva,
con ansia eterna de luz,
los viejos yugos y flechas
con los que mis camaradas
incomparables de guerra
se entregaron a la tierra
grande y libre de mi España.
Romance de los puñales
Puñales quiero, puñales,
puñales de luna y plata,
cuchillos contra la noche,
brillos de acero y de rabia.
Puñales contra las iras
e iras contra las nadas;
contra la noche me cierro
armado con armas blancas,
armado con iras negras,
buscando en la lucha el alma
que la oscuridad me niega.
Armado con hierro y llama
y el pecho haciendo de escudo,
por la fe pido batalla,
por la paz exijo guerra,
y toda mi voz rasgada
quiero juntar en un grito
que retruene por España:
Puñales quiero, puñales,
brillos de acero y de rabia,
para llevaros conmigo
tras los sueños de mi Patria.
Escuadras
Como la mies que madura
aguardando ya la siega,
se ponen en pie los hombres
de falangista existencia.
Como el árbol que se crece
como el sol que se levanta
y como se hinchan las velas,
avanzan mis camaradas.
Una voz corre los campos,
un viento azul que los rasga,
una bandera que grita,
una promesa que arrastra;
los hombres, al escucharla,
son semillas en el aire,
luces corriendo distancias,
manos que todo lo juntan,
gestos que a todos nos atan.
Como sonrisas perfectas
a la boca suben almas
y a los ojos ilusiones
y voces a las gargantas.
Despierta el brazo extendido
el triste sueño de España.
Los hombres para la siega,
como mieses ya doradas,
vientos de bandera y árbol,
forman, sonriendo, en escuadras.
España
España de cal y canto,
España de lodo y piedra;
la de los duros destinos,
la del hambre y de la guerra.
Va la España que avergüenza
junto a la España que vuela
y en las esquinas de rabia
hay una España que quema.
España pico, España nieva,
llanura de España yerma,
vergel de España florida,
palabra de viento y gesta.
Los días forman en filas
mientras España despierta
de su sueño de distancia.
Las noches callan y piensan
en los luceros que aguardan.
Hombres de mies en las eras,
semillas de carne y tiempo,
cubren con yugos y flechas
las alas de sus camisas,
sus corazones alerta;
y en el centro de sus ojos
luces de Españas secretas,
rojas y amarillas flores,
prometen mil primaveras.
España de cal y canto,
España de dura piedra:
te hicieron, para el coraje
de nuestras luchas eternas,
una sola, grande y libre
y, en nuestros brazos, entera.
Los Hombres de los luceros,
azules de cielo y pena,
muertos libres en la noche,
desde la gloria te rezan.
España de cal y canto,
España de dura piedra:
sólo dices tus secretos
a quienes cubre tu tierra.
Falangistas
¿Quiénes son esos soldados,
que son soldados y estatuas,
que sólo con verlos pienso
en mis dolores de España?
¿Quiénes son esos muchachos,
azules de cielo y agua,
que miran como no miran
ni siquiera las estatuas?
Vienen de lejos y lejos
van volando con sus alas;
amigos del sol y el viento,
miran, sonríen y avanzan.
Hierro llevan en el gesto
y en la bandera una garra.
Algo que no es de este mundo,
algo que no usa palabras,
les empuja, les arrulla,
les ilusiona y les lava.
El agua de lluvia limpia,
el agua de lluvia clara
les roza los pensamientos,
y la luz de la mañana,
como un pájaro secreto,
anida en sus frentes altas.
¿Quiénes son esos soldados
que son soldados y estatuas
y sonríen sin sonrisa
y aun sin palabras nos hablan?
Son algo más que soldados:
son la esperanza de España.
Hombres sobre flechas
Éramos hombres de sombra,
noche apenas, noche negra;
éramos hombres de nada,
nada de hombres y de tierra.
Pero a la vida subimos
por carreteras estrechas,
por angostos juramentos,
por azules exigencias,
y hombres somos para siempre
en la guardia y en la vela,
en la oración y en la lucha,
pues, en difícil espera,
del tiempo hacemos servicio
y de la gloria, quimera.
Somos hombres con luceros,
hombres tras de una bandera
que ondea en nuestras gargantas
hecha una voz roja y negra,
pólvora y sangre fecundas
para una tierra en promesa.
Hombres somos bajo el cielo,
hombres somos con estrellas,
y el Imperio que nos busca
es de hombres sobre flechas.
Aun hay falangistas
¿Qué pasa que las espigas,
oro que tiembla en la brisa,
hablan de pan y justicia
mientras el campo dormita?
¿Qué pasa con el silencio
que ya no sujeta lenguas,
y, callando, es un lamento
y, con voz, una vergüenza?
¿Qué pasa con las estrellas,
juegos de fuego y distancia,
que se estremecen de guardia
sobre nuestra herida tierra?
¿Y esos hombres de constancia,
piel de sol y carne recta,
que hablan exactas palabras
de rabias rojas y negras
y, desarmados, recuerdas
las armas de la esperanza?
¿Por qué todo el mundo suena
como campana de plata
tocando a muerte o a gloria?
Por la espiga y la justicia,
en el pan y tras la flecha,
junto al yugo y con la herida,
aguardan los falangistas
entre la paz y la guerra.
Hombres azules
Eran azules los hombres
con sus azules palabras.
Sobre sus cuerpos la vida
les vestía de esperanza
como una ropa perpetua
cortada entre mares y albas.
Azules los hombres eran
y azules cosas juraban:
"Quiero yo vivir luchando
por mi Dios y por mi Patria.
Quiero yo morir diciendo
el ancho nombre de España.
Sol de España que me quema,
agua de España que lava,
viento de España que empuja,
sed de España que me abrasa."
Cuando los tiempos se llegan
a las puertas de la Patria,
hombres azules sonríen,
hombres azules aguardan
y juran vidas y muertes
en alas de la esperanza.
Hombres azules que son
carnes y sangres de España.
(todos estos romances nacieron en la misma noche del Dieciocho de Julio de 1985.)
Otros poemas de un falangista
en mil novecientos ochenta y cinco
Del tiempo
Vengo del fondo del tiempo
y soy hombre desde el fondo;
he nacido para todo
y en todo pongo mi aliento.
Vengo del fondo de España,
del principio del silencio;
de la más antigua tierra,
camino del cielo nuevo.
Si de español tengo el alma,
la carne de España tengo;
el corazón, de llanura;
los ojos, de mar y cielo;
manos de sudor y rabia
y montañas como aliento.
Banderas llevo en la voz
y la luz en el pensamiento.
Me hicieron nieves y vientos
para lo alto, desde el fondo
viejo de España, dormida
en el vaivén de los siglos.
He nacido para todos
estos sueños de estos años,
para el fuego y la alegría
y para hablaros de España
desde el fondo de los tiempos.
Llamada
Hoy os convoco aquí contra la muerte,
el brazo en alto pregonando vida,
con voz de acero y con el pulso fuerte,
lanzando el viento nuestra rabia herida.
Hoy os convoco aquí contra la nada,
cansado de estrechar manos vacías,
cobardes cuerpos, almas sepultadas
en miedo de un vivir sin rebeldía.
Es mi fuerza la alegre primavera,
el gozo del amor, la cruz ligera
del servicio ardiente, el calor del gesto,
la enorme voluntad del hombre honesto,
el yugo del esfuerzo y cinco flechas
como el viento, rayos de luz, espadas
de la fe, con arados forjadas
por limpias manos y llamas derechas.
Porque hoy convoco aquí a quien le ataña
el limpio nombre de mi Patria herida,
os pido con la voz estremecida
la gloria de gritar ¡Arriba España!
Las iras
El dolor me entra por las tres heridas
que la angustia me abre en la espesa entraña:
Dolor de la fe en las causas perdidas,
dolor del tiempo que pasa en silencio
y dolor de ser un hombre en España.
Dolores de siglos que a todos dañan,
sangre del alma perdida en el tiempo,
miedo a seguir la promesa del sueño;
soledad eterna de los que callan.
Por la herida de la fe me entra el miedo;
por la herida del tiempo, la guadaña
de la vida que se agota en silencio,
y la ira por la herida de España.
Mi Patria me hace sangre en la memoria,
pues antes me hizo carne y sentimiento,
sujeto vivo del recuerdo cierto,
testigo de la envilecida historia.
Y esta sangre que mi Patria derrama
en la ira fértil de mis tres heridas,
enciende para siempre en mí la llama
en que quemar, por España, mi vida.
Victoria
Nos toca devolver tierra a la tierra
que al fin de los peligros nos aguarda;
nos toca arrebatar a la miseria
la fe de una nación que en nada sueña.
Todo nos toca y todo nos levanta
hacia el azul del cielo que vestimos
y a la canción de amor que es nuestra Patria.
Ya hemos andado todos los caminos:
no somos tierra, aunque a la tierra vamos,
sino semillas de la nueva España.
Ha terminado el tiempo de la siembra
y no hemos de volver por nuestros pasos
si no es con la victoria de esta guerra.
Todas las pistolas
Sacad la oscuridad de todas las pistolas:
la alta luz que vino a vuestras frentes
encenderá, sin duda, el frío acero
y un alma de pólvora y de fuego
será el tambor que anunciará la aurora.
Sacad la oscuridad y el miedo de la muerte
del pulso ardiente de vuestras amplias manos
y haced la luz, mirando al cielo, ahora
que el futuro avanza, terrible y fuerte,
ansioso de la sangre que nos hace hermanos
y late y corre por España, presurosa.
Para que el mundo crezca y la paz regrese,
sacad la oscuridad de todas las pistolas
y encienda el fuego la fe de vuestras frentes.
Ya viene
Ya viene por el verano,
largo como una venganza,
el tiempo grande y exacto
en que ganarnos España.
Tiempo de grito y de fuego,
tiempo de sobrios soldados,
duro, limpio y ancho tiempo
que entregar a nuestra Patria.
Tierra grande y almas anchas,
flor de luz, eco de brazos,
limpias frentes, fuertes manos
arrebatan la distancia
para abrirnos al futuro
el tiempo de los esfuerzos,
de los trabajos ganados,
de las flechas y los yugos,
de la paz y del afecto.
Ya viene por la distancia,
sucio de polvo y olvido,
el tiempo que me ha engendrado,
el tiempo que me ha parido
en el centro de esta España
para hacerme hombre y estilo.
Caminos de mi patria
Apenas si mi Patria es un camino
en este día que nació del miedo.
Apenas si mi Patria da sentido
al sueño de justicia al que me entrego.
Sólo se ofrecen rutas al olvido
y hablan sólo los amos del silencio.
¿Será mi Patria una mujer dormida
y no la madre a la que el alma debo?
¿Será mi Patria noche envilecida,
esquina de la muerte, apenas suelo
donde se desvanece todo un pueblo?
En el yunque terrible del destino
presiento que se está forjando el día
que, al paso de la paz sin ira,
será mi Patria un cruce de caminos.
Encomienda
Amigo: te encomiendo la verdad
de nuestra estirpe, la verdad del hombre
que se entrega a lo perfecto y el nombre
falangista de nuestra voluntad.
Te encomiendo el alba, la rubia aurora,
el corazón de la brisa y el cielo,
las cosas limpias y eternas que ahora
olvidan los que negaron el vuelo
de las muy altas águilas de España.
Te encomiendo la tierra y la bandera
de la recia victoria que no empaña
el silencio; y que sea tu quimera
poner la llama de tu fe certera
contra la angustia que en tu amor se ensaña.
Atención
¡Atención! Oye por fin la llamada
que tu presencia reclama en el frente
de batalla entre la luz y la nada:
ha de sonar mientras la Patria aliente,
mientras nos hiera el padecer de España
y nos arrastre la pasión ardiente
de hacer con él la fe de nuestra entraña.
Esfuerza el corazón en la aventura
de vivir lo que haga falta, alma alerta,
mano amiga, y date en tu voz segura
al ansia de luchar por tu fe cierta.
Si no volvieras, diremos que vas
tras una estrella y que a la luz seviste,
ofreciéndote, entero, a su llamada.
Si no volvieras, por siempre estarás
donde debes. Diremos que te fuiste
al puesto de tu guardia ilusionada
para exigirnos, con tu ejemplo, más.
Libre soy
No tengo yo ni pueblo ni rebaño,
ni señor ni partido ni atadura,
pues quiero ser un hombre libre, extraño
explorador de la justicia pura.
Fermenta en mi dorada levadura,
justa palabra que inflamara antaño
al hombre sin señor ni ligadura
que dio su vida por mi fe de hogaño.
Tengo por señor a un hombre muerto
que guarda para mí su azul sendero,k
y tengo por bandera el cielo abierto,
por iglesia la Patria que venero,
y libro soy para elegir el cierto
camino que conduce a mi lucero.
Mi revolución
¿Vienes a mi Revolución a hacerte
o quieres que ella te haga nuevamente?
Es imposible ser un hombre inerte
cuando el mundo que sueñas está ausente
de las cosas de tu vida y de tu muerte.
La gran Revolución que yo pregono
te hará vivir eternamente libre:
pues más libre serás cuando no olvides
que no luchas por ti, sino por todos;
que no vives por ti, sino contigo,
y el yugo que tu aceptas por enseña
sólo pesa si olvidas tu camino.
Serás señor si das y no te pierdes,
y más serás si siempre que te entregas
sabes que sólo da el que ya se tiene.
Y más: a mi Revolución no vengas:
debes ir a ella a solas con tu suerte.
Caminos de mi Patria
Los días de mi Patria han comenzado:
marcha, alegre, la recia primavera
por mi sencillo pecho de soldado;
en el azul sobrio la flor primera
de la España Renacida ha brotado.
Ya ha empezado el tiempo. La voz ligera
abre el campo con voluntad de arado
y en los surcos nuevos crecen banderas
de sol y sangre bajo el cielo airado.
Está mi Patria a merced del cielo
en el que un Dios Azul hace Justicia.
Sólo aguarda para emprender el vuelo,
en pie mi corazón sobre esta tierra,
el beso de la aurora y la caricia
de la alta voz que me convoque a guerra.
Vengo
Vengo de una voz lejana
y de un próximo dolor;
de la piedra de muralla,
de la justicia del sol.
Vengo de la arisca España,
subido al viento del Norte;
del frío de la montaña;
de la más antigua tierra
amasada en tiempo y sangre.,
Traigo en las manos banderas
de eternidad y de combate;
en los ojos, nuevos mundos
y en la voz, vientos de España.
Vengo de mis ilusiones
y voy a mis esperanzas
por este tiempo fecundo
que me arrastra hacia el mañana.
Silencio
Hoy no caerá la noche, camaradas,
ni vendrán estrellas a nuestra cita,
y hasta el tiempo duerme en la luz gastada
de la tarde, que se va y nos invita
a parar el corazón un momento
y abrir la sangre y el alma al tormento
de estar vivos y no pensar en nada.
Mientras Dios, desde lo alto, nos medita,
contempla al mundo nuestro inmóvil gesto,
quieta oración que el labio deposita
en el aire que enturbia la mirada.
Por todo cuanto somos y tenemos;
por cuanto nos entregará el esfuerzo;
por la luz que se marcha hasta mañana;
por el Pan, por la Justicia y la Patria,
silencio, camaradas, Camaradas
desde lo alto nos contemplan: Silencio,
que mañana amanecerá en España.
Hacedme
Hacedme de hierro y fuego,
de dura piedra y de viento,
de horizonte y mediodía,
de luz limpia y azul cielo.
Poned en mis manos tierra,
lluvia, paciencia y semillas,
y en mi frente piedra eterna
unida con pensamientos.
Poned en mi pecho voces
de todos, libres y eternas,
y un manantial de palabras
con que mandar a las cosas.
Hacedme de hierro y piedra,
de vivo fuego y de roca,
de días y no de noches,
de promesas y esperanzas;
y, para completar la obra,
forjadme, a golpes, un hombre
y hacedme libre en España.
Volverás
Para cantar con la música de "El valle del Río Colorado".
Volverás a cantar a la vida
en el alba de la libertad;
abrirás tu sonrisa a la aurora;
servirás al amor y a la paz.
Serás fiel a tu propia medida;
te darás a la tierra y al sol;
servirás a los hombres del mundo
y valdrás lo que vale tu honor.
Cuando todos te vuelvan la espalda
y cultives la flor del dolor,
sentirás una firme esperanza
al alzar hacia el cielo tu voz.
Serás libre en la única España,
arrancando al camino su cruz.
Volverás a cantar a la vida,
¡volverás a cantar a la luz!
Hermanos de la luz
Tu fe y mi fe se dan la mano
porque somos algo más que dos amigos:
somos la aventura y somos el servicio.
Hermanos de la luz. Hermanos.
Tu fe y mi fe forman palabras.
Grandes palabras para explicar los años;
dulces palabras para las pequeñas cosas:
el polvo del camino, las hojas muertas,
la fuerza de tu alma, el verso, la canción.
Somos más que dos amigos
y tenemos ritos para hacerlo todo:
sabemos estrechar las manos más pequeñas;
sabemos responder a las voces más altas;
sabemos decir las cosas que son justas
y llamar ladrón al que roba, falsario al que engaña,
camarada al que lucha por las justas aventuras.
Tu fe y mi fe despertarán al mundo;
construirán destinos para el hombre eterno,
porque somos algo más que dos amigos:
apóstoles sinceros de las grandes cosas,
pacíficos soldados del camino,
hermanos de la luz. Hermanos.
Este es el verso
Este es el verso que te llama a convertirte en hombre auténtico,
en hombre libre que ríe y que trabaja, que sirve y que se entrega
,
y pone en cada cosa de su mundo la señal eterna de su paso.
Este es el verso que te llama a convertirte en hombre íntegro,
en hombre justo que entra su vida con su vida, y sonrisas
con su esfuerzo grande por ensanchar el cielo para todos,
y ser más tú y más darte a tus amigos.
Este es el verso que te abre las dimensiones del mundo
y te dice en el silencio de tu alma las palabras que un día han de ser tuyas:
la fe que enciende soles, la ilusión que estrecha manos,
el corazón del alba, lo espeso de la noche...
Este es el verso que te invita a responder con fuerza,
a viva voz, con palabra recia y para siempre,
a la pregunta más eterna: ¿para qué has nacido?
Haz de este verso, con alegría y humildad, con respeto
y con justicia, con libertad y con honor, con servicial empeño,
profesión de fe y compromiso de amistad para todo tu tiempo.
Otros poemas de amor y de silencio
A ti siempre mi voz
A ti siempre mi voz, caliente y viva,
raíz de lo que soy, llama del fuego
en el que arde mi sangre fugitiva
de tu amor y de tu silencio ciego.
A ti siempre mi voz, mi gran cautiva,
mi voz que te persigue sin sosiego
y te viste y te desnuda y, altiva,
no quiere hacer de ti y de mí un juego.
A ti siempre mi voz, a tu memoria;
a ti siempre la mano con que vuelo
en la alta soledad de mis historias.
A ti siempre la luz de mi deseo,
el sueño de mi voz, el vivo anhelo
de hacerte la mujer en la que creo.
Cuando te duermes
Sé que vuelas hacia mí, cuando te duermes,
en busca del nido protector que hay en mis brazos
para apoyar en mi pecho tu cabeza
y escuchar largamente mis latidos.
Sé que mi nombre corre por tu frente y suena entre tus labios a destino,
porque llegaste a mí sin conocerme
y yo, sin conocerte, en ti me he detenido.
En sueños me compartes con el mundo
y es la noche quien nos une para siempre,
abrazados en el aire quieto,
cuando vuelas hacia mí, cuando te duermes.
Me pones, en silencio, nombre
Quisiera, sonriendo, estar en tu sonrisa para siempre
y ser eterno en ti cuando me mires sin yo verte.
Quisiera volar en tus suspiros como un pájaro de fuego
y pesar sobre tu piel cuando descanses;
ser la sombra que te acoge cada noche
y el descanso de sus manos, que se abren cuando duermes.
Quisiera abrirte y cerrarte como al libro;
llevarte por la vida para ver que vives,
y sentirte próxima y lejana, real y cierta,
cuando, callada y quieta, me pones, en silencio, nombre.
Me quedaré
Me quedaré en ti hasta el final de todo,
hasta que las cosas mismas mueran
y la arena se apodere de las piedras
y sólo tú y yo prevalezcamos.
Me quedaré en ti mientras el mundo gire,
mientras la tierra florezca, el agua brille,
la noche duerma y el sol, nuestro señor,
te cubra, como yo, con su mirada.
Me quedaré en ti hasta que Dios nos junte,
y aún después, cuando renazcas,
sin distinguir tu parte de mi parte,
sin separar tus sueños de mis calmas,
y seremos más que dos y que ninguno:
seremos dos volando juntos.
Silencio
Hoy te toca silencio, sangre inquieta:
hace mucho que vagas por los túneles
de este cuerpo que agota y envenena
mi límpida esperanza de ser hombre.
La cobarde bandera de las canas
empieza a desarmarme al turbio tiempo,
al cual me entrego con bandera blanca.
Si todo queda por hacer, no siento
más que los sueños. También me arrepiento
del miedo negro que me come el alma,
del amor que quise y que nunca tuve
mientras gritaste, sangre, por los túneles
de este extraño edificio de mi cuerpo.
Y, pues el tiempo, sonriéndome, avanza,
mientras hoy exista, odiaré el mañana.
Tiempo
Tampoco el tiempo olvida las arrugas
del alma, los caminos del dolor,
los surcos que la angustia corta y ara,
y aguarda, quieto, el día del adiós
que callaré desde mi sepultura.
Y me iré, ¿qué duda cabe?, sin nada
que decir, sin nada que recordar,
la mano abierta y la sonrisa oscura,
pensando en cuanto amé, si amé jamás,
tranquilos los ojos, el alma amarga
y el corazón dispuesto a la aventura.
Corazón de la nada
Tú no sabes dónde está
el corazón de la nada:
la nada viene conmigo,
duerme de noche en mi almohada,
mira a través de mis ojos
y, en silencio, me avasalla,
y en silencio me sonroja
y con silencio me rasga.
El corazón de la nada
tú no sabes dónde está,
pero de noche me mata.
Arrepentimiento
Me arrepiento de mí, como de todo
lo que no he sido: de mis proyectos,
de mi fe, de mi angustia y de mis sueños.
De todo me arrepiento: de mi antojo
de ser sol, de ser luna, de ser viento;
del valor que he derrochado, del miedo
y del amor, del corazón, del oro
de la luz, y del mar y del silencio.
Me duele el tiempo que he pasado solo
y también la compañía que nunca
fue más allá del borde de mis ojos.
Me arrepiento de mí. Yo me arrepiento
hasta del alma blanca que me impulsa,
y del aliento y del dolor, del fuego
eterno y violento de mis manos,
de la nada, del sol, del pensamiento
herido que no encuentra lo que busca.
Me arrepiento de mí y de mi orgullo;
me arrepiento de ti y de todo el tiempo
que viene dando vueltas nuestro mundo.
Me arrepiento.
Credo
Creo en la Madre Luz, de la cual soy hijo,
que me parió al día y a la noche, al sol y a las estrellas,
y puso en mis ojos chispas de amor y rayos de esperanza.
Creo en el Padre Sol, altísimo gigante,
que me envuelve en el dorado aire y hace azul mi firmamento
para que pueda yo soñar en transparentes prodigios.
Creo en la hoja de laurel y en la hoja de mirto,
y en la lluvia que viene a bautizarme,
y en el frío de una noche en que quisiera ser eterno,
y en lo pequeño y en lo grande, y en el tiempo.
Creo en casi todo porque todo es mío cuando lo pienso,
y yo soy suyo y tuyo y del universo entero,
porque estoy hambriento, con este hambre inmemorial
que es ser un hombre.
Creo también en lo alto y en lo bajo,
en los ojos capaces de hacer mejor toda una vida;
en los dedos que acaricias y en los labios;
en el tacto de la tierra, en el sabor del viento;
en la luz que me traspasa, en lo tibio del aliento;
en la vida, en la muerte, en la distancia,
y en el enorme esfuerzo de ser como me siento.
Creo en todo alegremente y quiero poner mi corazón al tiempo.
Inmortal
Cuando yo esté muerto, la luz en el cristal,
el aire del otoño, la quieta noche,
la impasible estrella, serán lo mismo que ahora son.
Los sueños seguirán su alto destino;
las risas y los besos vestirán la primavera;
habrá batallas como siempre
y, como siempre, pan, amor y soledad.
Cuando yo esté muerto seguirá la vida;
el turno inmutable de los días seguirá;
como siempre girará tranquila
la tierra que, sin prisas, ya me aguarda.
Caerán las hojas, brotará la hierba...
No me hagáis un sitio en la memoria:
si todo sigue igual cuando haya muerto,
también yo seguiré junto a vosotros.
Seré, y para siempre, la hoja y la semilla,
la plana luz y la ancha tierra;
el alto sueño, la impasible estrella,
y todo lo que sois seré junto a vosotros
cuando un día mi carne se termine
y crean todos que yo estoy muerto.
Las heridas
Quiero saber por qué herida
se me va la ilusión del alma:_
por la herida de la carne,
por la herida de la vida
o por la de la esperanza.
Quiero saber por qué herida
le viene el miedo a mi sangre:
por la herida del amor,
por la herida del silencio
o por esta de mi voz.
Quiero saber por qué herida se me está entrando la muerte:
por la herida de los versos,
por la herida del presente
o por la herida de Dios.
Romance imperfecto
Tu silencio tiene un alma
a un tiempo clara y serena,
que es la voz de tu mirada
y la chispa de tu estrella.
Con él abres el misterio
de los sueños que te lavan,
y eres corazón del tiempo
cuando eres, en secreto,
corazón de la mañana.
Tiene un alma tu silencio
y en tu voz hay una estrella
que enciende, sin que tú quieras,
el ritmo azul de estos veros.
Noche
A solas con mi distancia
dejo que la noche venga
a derramarme sus sueños
y a envolverme con estrellas.
La noche viene despacio,
paso a paso hasta mi cama,
golpe a golpe hasta el amargo
corazón de mi distancia.
¡Oh, la quietud de la sábana!
¡Oh, esta soledad del tiempo
en que la noche se llega
a derramarme sus sueños!
Cuando me hicieron
¿Con qué te hicieron al hacerte
y qué pusieron en tus ojos para que yo lo encuentre?
¿Qué cosas hay que van y vienen por tu carne?
¿Qué significa tu piel sensible?
¿Con qué terciopelo hicieron tu mirada?
¿De qué resorte elástico se hizo tu cintura?
¿Qué traen tus labios a mis manos,
que se vuelven suaves sólo con pensarte?
¿Y quién eres tú? ¿Por qué viniste?
¿Por qué entraste por mi piel, tan sin sentirte,
para mover los resortes olvidados de mi vida?
¿Con qué te hicieron al hacerte?
¿Pensó alguien en mí entonces?
¿Pensaban en ti cuando me hicieron hombre?
Entenderás
Cuando sepas de verdad cuanto ahora sabes,
y no sean sólo tuyos tus sueños,
ni tuya tu verdad, ni tuyo solamente tu silencio,
verás que estoy ahí, entre tu voz si hablas,
y entre tus manos si las roza el viento.
Cuando hagas memoria de toda tu memoria
y pongas en tus ojos la bruma del sosiego,
sabrás que estoy ahí, entre tus labios,
y, al cerrar los ojos, seré tu noche,
sólo para ser tu amanecer cuando despiertes.
