Desde pequeña utilizo la escritura como forma de expresarme y de gestionar mis emociones.
Lamentablemente puedo decir que sé lo que es vivir esta enfermedad a través de familiares mios.
Tras la pérdida de los pilares de mi vida escribí este libro el cual me sirvió no solo para sacar a la luz cosas que no sabía expresar de otra forma,sino para, de alguna manera,homenajear a todas aquellas personas que lidian o han lidiado con esta enfermedad en primera persona, familiares y por supuesto un homenaje directo a los míos.
Este es un libro solidario gratuito creado con la intención de
homenajear, aunque no de forma explícita, a todas aquellas personas que,
en primera o tercera persona,viven o han vivido de cerca el cáncer. Si
te resuena te invito a colaborar de la forma que prefieras:
compartiendo,comentando,donando o bien haciendo un buen acto por
alguien.Gracias por estar ahí!
La vida está llena de
cambios. Algunos los disfrutamos, otros nos enseñan lecciones que
nunca olvidamos. Con apenas seis años, cuando empecé la educación
primaria, ya sentía la necesidad de buscar mi propio camino. Esos
primeros años fueron un torbellino de emociones. Pronto aprendí que
todos somos diferentes y que nuestras capacidades no son
iguales.
Los niños, aunque no lo hagan con mala
intención, a veces dicen cosas O actúan de formas que hieren.
Muchas veces es por desconocimiento o porque no saben cómo manejar
sus propias emociones. Recuerdo comentarios en la escuela que, aunque
no siempre malintencionados, dejaron huella. Recuerdo un comentario
de un niño en el patio: «¿Por qué no puedes correr como todos?»
Fue un recordatorio de lo que no podía cambiar, pero, al mismo
tiempo, una de las primeras veces que entendí que la gente no
siempre entiende lo que es ser diferente.
Por más que me
esforzaba, no destacaba en todas las materias, y algunas evaluaciones
me parecían injustas. Es curioso cómo, cuando eres pequeño, las
opiniones ajenas parecen verdades absolutas, como si una calificación
o un comentario pudiera definir tu valor. Con el tiempo entendí que
no es así.
Sé que no es fácil dejar ir lo que duele,
pero enfrentarlo me permitió crecer.
Mirar de frente lo
que no nos gusta de nosotros mismos —o de nuestro entorno— a
veces es la forma más liberadora de avanzar. Con los años, lo que
antes me dolía ahora lo veo como una lección que me ha ayudado a
crecer. Muchos de esos comentarios venían de profesores. Siempre
entendí que ser docente no es fácil: atender a tantos alumnos, cada
uno con su historia, es un gran desafío. Pero lo que más me dolió
fue la incomprensión de otros niños.
21 págs. / 37 minutos.
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Publicado el 31 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
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