Texto: Irredención
de Baldomero Lillo


Cuento


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Irredención

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Fragmento de Irredención

Sí, aquel pensamiento originalísimo había sido de ella, únicamente de ella, y no podía menos de sonreír al recordar la cara de sorpresa del viejo administrador cuando le dio orden de despojar de sus flores a todos los durazneros en floración que existiesen en sus fincas.

Segura estaba de que el rústico servidor cumpliera el mandato a regañadientes. Pero había obedecido y el éxito superaba a sus esperanzas.

Obsesionada por tan deliciosos recuerdos, se metió en la cama, y ya la doncella abandonaba en puntillas el aposento cuando la voz de su señora la detuvo. Un deseo repentino, un capricho de niño mimado la había acometido de pronto. Quería dormirse respirando la suave fragancia de aquellas flores que tan dulces sensaciones le habían proporcionado. Obedeciendo las órdenes de su ama, la joven derramó encima de los cobertores puñados de aquellos rosados pétalos, y suspendió del crucifijo de plata, colocado a la cabecera del suntuoso lecho, un trozo de guirnalda arrancado de una de las arañas del salón.


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Publicado el 29 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.


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