Texto: La Mano Pegada
de Baldomero Lillo


Cuento


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La Mano Pegada

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Fragmento de La Mano Pegada

—Ahora, don Paico, cuéntenos aquello.

El viejo entorna los ojos y quédase un instante pensativo como para reunir sus recuerdos y, en seguida, buscando la postura más cómoda en el rústico banco, empieza con su voz cascada y monótona, en medio del ávido silencio del auditorio, la invariable narración que cada cual, a fuerza de oírla repetir, se sabe ya de memoria.

—Sí, me acuerdo como si fuera hoy. Era un día así como éste. El sol echaba chispas allá arriba y parecía que iba a pegar fuego a los secos pastales y a los rastrojos. Yo y otros de mi edad nos habíamos quitado las chaquetas y jugábamos a la rayuela, debajo de la ramada. Entonces apenas me apuntaba el bozo y era un mocetón bien plantado, derecho como un huso, un gallito para las buenas mozas.

Aquí el narrador se interrumpía para hacer chasquear la lengua y pasar revista a las caras mofletudas de las muchachas que soltaban el trapo al reír. El viejo dejaba con cómica gravedad que se extinguiera aquella algazara y luego proseguía:


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11 págs. / 20 minutos.
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Publicado el 29 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.


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