Los Tres Principios es la memoria de Bernardita Salas Rivas, nacida en Santiago de Chile en 1931. A lo largo de sus páginas, la autora evoca la infancia entre el campo y la ciudad, el vínculo profundo con la tierra y la fuerza de la fe, que la acompañó siempre. Relata también la vida junto a Emilio, su marido, y el camino compartido de sacar adelante a sus siete hijos con una entrega y dedicación feroz.
El libro nos narra una vida atravesada por aprendizajes, aventuras y momentos de crecimiento personal. Es un testimonio íntimo y familiar, en un tono ameno, entretenido y fresco que la autora nos ha ofrecido bajo licencia Creative Commons como herencia abierta para sus hijos, nietos, bisnietos y para todo aquel lector que quiera acercarse a esta historia.
El libro Los Tres Principios comenzó como un conjunto de cartas que la autora escribió allá por el año 1998. Más adelante, animada por su hija Consuelo, se lanzó a escribir los otros dos principios, con lo que el manuscrito pasó a ser una biografía que ubicaba al lector entre los años 1931 y 1973.
El manuscrito fue mecanografiado posteriormente por Dafnne, y revisado por Bernardita, en un trabajo que se fue haciendo lentamente hasta que en 2024 Consuelo retomó una enésima revisión de los textos que volvió a ser revisada y consensuada con Bernardita. Finalmente, Antonio tomó el proceso de edición, convirtiendo los textos en un libro físico repartido en dos tomos, del que se imprimieron 60 ejemplares.
Unos meses más tarde se publica en internet, donde se deposita la versión electrónica para poner este pedacito de la historia de Chile al alcance de todo aquel que lo encuentre y lo quiera leer.
El día señalado iba con todas mis cosas y feliz de practicar lo que nos habían enseñado, al menos eso creí yo, pero del “dicho al hecho, hay mucho trecho”. Llegamos en orden al policlínico, y nos distribuyeron a cada una al lado de una alumna mayor en un apartado con una camilla y una mesa de curaciones, o sea, de hacer algo... ¡Nada! Solo mirar y hay que ver lo que vimos: unas úlceras varicosas enormes. Unas infectadas otras no, pero diría que todas incurables. Úlceras producidas por varices de venas en personas que están de pie la mayor parte del día y haciendo mucha fuerza, ya fueran hombres o mujeres. La indicación hubiera sido que descansaran, además de las curaciones, pero no lo podían hacer así es que un día sí y otro no iban a curarse. La mayoría eran esas heridas las que veríamos. También había uñas encarnadas, o llenas de hongos. Esas las atendía el médico que, después de ponerles una anestesia local se las sacaba de raíz. Dolía, claro que dolía, pero para eso estábamos ahí para que nos doliera tanto que quisiéramos curarlos. ¡Vaya experiencia! Andando el tiempo y cuando habíamos visto todo lo que había que ver, nos enseñaron a curar. Eso ya me gustó más, al menos tenía práctica y las profesoras se dieron cuenta y me dieron un poco más de responsabilidad. También era la mayor del grupo y no me desmayaba como algunas niñas más chicas. En un momento, poco antes de terminar el curso, nos tocó aprender a poner inyecciones ¡Eso es lo mío, pensé! Pero las personas que solicitaban tales inyecciones no eran muchas y pronto se acabaron, sólo quedó una viejita a la que había que poner una inyección endovenosa...y de las alumnas sólo quedaba yo...la viejita me animó y me dijo: ¡Señorita, pinche con confianza, que tengo buena vena, muchas señoritas han aprendido en mí! Y la profesora me preguntó si me atrevía, yo dije: ¡Si, para eso vine, para aprender! Y así fue como aprendí a pinchar venas. Fue fácil porque la viejita me animaba y la profesora confiaba en mí, pero terminé tiritando porque la inyección era de Calcio y si caía fuera de la vena producía una quemadura. Así poquito a poco fui aprendiendo y metiéndome en un mundo en el que siempre soñé. Nunca se me ocurrió pensar que detrás de esas heridas había personas, que tenían un nombre y una historia. No se me ocurrió, es la verdad, a lo mejor hubiese sido más efectiva la curación y me hubiera preocupado de la persona, porque en el fundo las heridas tenían nombre y familia e historia ¿Qué me pasó? Seguramente la formación que nos daban era así de fría, a lo mejor pensaban que así lo haríamos mejor. No lo sé y no saco nada con atormentarme los sesos con esta historia.
747 págs. / 21 horas, 47 minutos.
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Publicado el 18 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
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