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Cuento


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  Cuento.
13 págs. / 22 minutos / 112 KB.
26 de octubre de 2020.


Fragmento de A París

* * *

El vapor avanzaba rápidamente, cortando sin cabecear las rizadas ondas y las blancas rayas con que las corrientes interrumpen a trechos la tersa llanura. Dentro del círculo perfecto del horizonte no se divisaba ni una vela ni la sombra de una costa. El océano presentaba ese color gris mate que le comunica el cielo encapotado.

Diseminados por la cubierta, los pasajeros dormitaban en sus sillas de lona. El capitán inmóvil en el combés miraba fijamente, al oeste, con el anteojo apoyado en uno de los obenques. En la proa, de codos en la borda, un viajero recorría con ojos meditabundos la lejana curva. ¿En qué pensaba? Diez meses antes se había alejado por segunda vez de aquellas playas que de un momento a otro iban a surgir ante su vista; diez meses hacía que embriagado por la perfumada atmósfera de la Babilonia moderna, había arrancado de su mente el recuerdo de la tierra donde nació, donde amó, de aquel rincón bendito que guardaba las cenizas de sus mayores y también ¡ay! las de su hijito. ¿Cómo presentarse ahora ante la santa mujer cuyo corazón había destrozado tan villanamente? ¿Le perdonaría ella el insulto, la traición y sobre todo el silencio, el inconcebible silencio que guardó al saber la muerte de Luisito? Ahora, libre de la fascinación de la ciudad maldita, al respirar de nuevo las brisas de la patria, pudo comprender Federico toda la monstruosidad de su conducta. Por su memoria desfilaron como en la cinta de un cinematógrafo, las escenas de su niñez y de su juventud, las imágenes de las personas queridas, el cuadro del hogar venturoso, el bello y moreno rostro de su compañera y aquella cabecita rubia que ya no volvería a cubrir de besos.


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