Texto: La Pequeña Dorrit
de Charles Dickens


Novela


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La Pequeña Dorrit

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Fragmento de La Pequeña Dorrit

El Patriarca insistió en que se quedara a cenar, y Flora hizo un gesto que significaba: «¡Sí!». Clennam lamentó no poder hacer algo más que quedarse a cenar; lamentó profundamente no haber encontrado a la Flora que fue, o a la que nunca había sido, y le pareció que la mínima expiación que podía ofrecer por esa decepción, de la que casi se avergonzaba, era acatar el deseo de la familia. Así pues, se quedó a cenar.

Pancks los acompañó: salió de su muelle, despidiendo vapor, a las seis menos cuarto, y puso rumbo directo al Patriarca, que en ese momento se hallaba entregado, con estilo inane, a un relato carente de interés sobre la Plaza del Corazón Sangrante. Se acercó a él, aseguró un cabo y lo haló.

—¿La Plaza del Corazón Sangrante? —dijo Pancks con un jadeo y un resoplido—. Un lugar que da muchos problemas. Se le saca un buen dinero, pero cuesta mucho cobrar los alquileres. Le da más complicaciones que ningún otro de los que tiene usted.


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1.087 págs. / 1 día, 7 horas, 42 minutos.
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Publicado el 8 de febrero de 2017 por Edu Robsy.


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