El café

Cristóbal Miró Fernández


Reflexión


El café es una bebida de doble naturaleza. Tomar un café con alguien es aceptar una invitación agradable para compartir vivencias, recuerdos o unas risas, por ejemplo. La cuestión es que a alguien le diesen café durante la época de la Guerra Civil española, me refiero al café enunciado en letras mayúsculas, si era alguien que no comulgaba con el ideario de los franquistas o era visto con ojeriza por estos, implicaba que dicho desgraciado estaba en un tris de pasar a mejor vida en la cuneta de una carretera.

El café como lugar donde se reúne la sociedad, también en el aspecto de local donde se reúne una comunidad de personas para dialogar, o enfrentarse entre ellas en un retrato social bien poco edificante, como sucede en el artículo escrito por Mariano José de Larra, el célebre periodista decimonónico español, que lleva este mismo título, El café. No es recomendable, para quienes nunca hayáis leído a Larra, hacerlo con los ánimos decaídos.

Volviendo al café como bebida y como local de reunión, esta sustancia amarga tiene la virtud de endulzar la vida, quedémonos con es faceta, os sugeriría que lo hicieseis, en vez de las muchas sombras antes descritas. ¿Queréis un ejemplo de café dulce? Adelante, pues, con el ejemplo: que esa persona por la que hayas perdido la cabeza te invite a tomar un café en su casa o en un bar, por ejemplo, es algo que sin duda hace que, aunque el día esté bien nublado, sea soleado para esa persona. Por pronto es una esperanza de poder conquistarla, y, bien, más vale algo que nada, un pasito adelante es un pasito adelante por nimio que este sea o parezca ser. Es el punto de inicio del número uno de un minúsculo atajo abierto que se puede convertir en un camino de felicidad con el tiempo, si las condiciones y la voluntad lo permiten. Que después este café tan dulce se convierta en un veneno de amargor letal para ambos miembros del tándem de tejado a cuatro direcciones y dos ruedas, eso lo dirá el tiempo, pero este primer café en pareja está bien endulzado, sin duda.

El café como elemento a sol y sombra, como todo en este mundo, a dos velas, la del bautizo y la del entierro. Los cafés como evolución de las tabernas del siglo XIX, a las que Jack London describió como lugares horriblemente maravillosos. De nuevo volvemos a la dualidad del café como invitación a vivir e invitación a morir. A fin de cuentas, su grano es oscuro, ya goza de la duda de las dos caras contrapuestas y complementarias desde el principio de su vida como planta, como grano, como semilla.

Aunque aquí en este texto no toque tratar de la divinidad hindú Kali, la danzante oscura, debemos recordar que destruye la vida, tuvo una secta de asesinos asociados a su figura divina y se le sacrifican cabras, como la reafirma destruyendo la ignorancia. A fin de cuentas, como el ejemplo del café, es una bailarina a dos latidos, aunque no debiera ser mencionada explícitamente en estas líneas.


Publicado el 25 de marzo de 2022 por Cristóbal Miró Fernández .
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