Texto: El Arte de Morir
de Émile Zola


Cuento


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El Arte de Morir

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Edición física


Fragmento de El Arte de Morir

Hay cuatro. El antiguo ministro retraza la vida política del difunto, que presenta como un genio humilde, que hubiera salvado a Francia si no hubiera desdeñado tanto las intrigas palaciegas. A continuación, un amigo habla de las virtudes privadas de aquel que hoy todo el mundo llora. Tras lo cual, un desconocido toma la palabra como delegado de una sociedad industrial de la que el conde de Verteuil era presidente honorífico. Finalmente, un hombrecillo de aspecto gris expresa la pérdida que supone para la Academia de ciencias morales y políticas.

Mientras tanto, los asistentes curiosean por las tumbas vecinas y leen las inscripciones en las lápidas de mármol. Los que tienden el oído captan tan sólo palabras sueltas. Un viejecillo de labios afilados, tras escuchar: «… las cualidades del corazón, la generosidad y la bondad de las personas de carácter…», alza el mentón y murmura: «Claro, claro. Si yo lo conocía bien. ¡Era un perro!».

El viento se lleva las palabras del último adiós. Una vez que los sacerdotes bendicen el cuerpo, la gente se retira y tan sólo se quedan, en una esquina apartada, los enterradores bajando el féretro. Las cuerdas rozan sordamente, el ataúd de roble cruje. Monsieur el conde de Verteuil ya está en casa.


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36 págs. / 1 hora, 3 minutos.
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Publicado el 23 de marzo de 2017 por Edu Robsy.


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