Texto: Las Caracolas de Monsieur Chabre
de Émile Zola


Cuento


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Las Caracolas de Monsieur Chabre

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Edición física


Fragmento de Las Caracolas de Monsieur Chabre

Y aportó más detalles. Piriac se hallaba a tres leguas. Tenía un tío que vivía en los alrededores. Ante las preguntas de Monsieur Chabre, afirmó que las caracolas abundaban por aquella zona.

La muchacha daba golpecitos en la hierba con la punta de su sombrilla. El mozo no osaba alzar la vista hacia ella, como si su presencia lo perturbara enormemente.

—Guérande es una villa encantadora, monsieur —dijo por fin Estelle, con su voz aflautada.

—¡Oh, sí, realmente deliciosa! —balbuceó Hector, devorándola de repente con la mirada.

II

Una mañana, tres días después de que el matrimonio se instalara en Piriac, Monsieur Chabre, sobre la plataforma del malecón que protege al pequeño puerto, vigilaba plácidamente el baño de Estelle, que estaba haciendo la plancha. El sol calentaba ya mucho, así que, adecuadamente cubierto con un redingote negro y un sombrero de fieltro, se protegía bajo una sombrilla de turista, forrada de verde.


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37 págs. / 1 hora, 5 minutos.
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Publicado el 24 de marzo de 2017 por Edu Robsy.


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