Texto: Simplicio
de Émile Zola


Cuento


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Simplicio

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Edición física


Fragmento de Simplicio

Un soplo de vida parecía animar aquellos espacios tenebrosos, dando una voz especial a cada tallo de musgo en los encantadores conciertos del alba y del atardecer. Era la inmensa fiesta de la vegetación. Todos los insectos, los escarabajos, las abejas, las mariposas, esos enamorados de los valles floridos, se saludaban por los cuatro costados del bosque, que habían convertido en una pequeña república. Los senderos era sus senderos; los arroyos, sus arroyos; el bosque, su bosque. Vivían confortablemente al pie de los árboles, en las ramas bajas y entre las hojas secas como en su propia casa, tranquilamente y por derecho de conquista. Como personas razonables, le habían cedido las ramas más altas a los jilgueros y ruiseñores. El bosque, que cantaba a través de sus ramas, sus hojas y sus flores, cantaba además por sus insectos y sus pájaros.

III

En pocos días Simplicio se hizo asiduo y buen amigo del bosque. Charló tanto con aquel conjunto de seres que acabó por perder la poca razón que le quedaba. Cuando dejaba aquellos lugares para encerrarse entre cuatro paredes, sentarse ante una mesa o acostarse en un mullido lecho, no hacía otra cosa que pensar con sus amigos del bosque. Finalmente, de forma inesperada, abandonó sus habitaciones en la corte y fue a instalarse bajo el amado follaje donde escogió un inmenso palacio.


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9 págs. / 15 minutos.
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Publicado el 23 de octubre de 2016 por Edu Robsy.


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