Texto: Cuentos Antiguos

Emilia Pardo Bazán


Cuento


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Cuentos Antiguos

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Fragmento de Cuentos Antiguos

Prejaspes, silencioso, obedeció. Temblor profundo sacudía sus miembros; gruesas gotas de sudor helado asomaban en la raíz de sus cabellos; un vértigo oscurecía sus ojos. Pero aún le sostenía la esperanza quimérica de que aquello fuese una chanza feroz, y no más. Cambises tendió el arco, apuntó cuidadosa y lentamente, pellizcó la cuerda; un silbido desgarró el aire, y el hijo de Prejaspes giró sobre sí mismo y cayó al suelo desplomado. «¡Hola! — gritó Cambises —; aquí mis trinchantes... Abrid el pecho de ese, a ver si el hierro ha partido de medio a medio el corazón.» Palpitaba éste débilmente aún cuando se lo presentaron a Cambises, con la flecha plantada en el centro, sin desviación de una línea. Soltó el rey gozosa carcajada, y volvióse hacia el anonadado Prejaspes, preguntándole en tono de buen humor: «¿Qué tal? ¿Sé yo disparar? ¿Sé acertar? ¿Conoces otro arquero mejor que tu rey?» Tardó Prejaspes en contestar a la regia chanza cosa de medio minuto. Estaba inmóvil, y sus pupilas inmensamente dilatadas, no sabían apartarse de aquel corazón sangriento, tibio todavía — el corazón de su dulce hijo —, cuyas débiles contracciones expirantes a cada segundo parecían decirle con misterio: «Padre, véngame.» ¡Arrancar aquella flecha misma, clavarla en la tetilla de Cambises! ¡Oh ventura, oh goce!...


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38 págs. / 1 hora, 8 minutos / 37 visitas.
Publicado el 15 de diciembre de 2016 por Edu Robsy.