Texto: El Alma de Cándido
de Emilia Pardo Bazán


Cuento


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El Alma de Cándido

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Fragmento de El Alma de Cándido

El alma, segura de sí misma, hizo una señal de aquiescencia, y al punto los jueces, vestidos de togas verdes y provistos de balanza y platillos, se presentaron, rígidos y en fila, en el umbral.

—Habla, que te oímos —advirtieron a Cándido, que sin explicarse la razón, sintió un escalofrío leve a lo largo del espinazo.

—¿Me pedís que hable, oh justos jueces? —murmuró estremecido aún—. ¿Queréis saber mis pecados? Serán muchos, pero creo haberlos confesado escrupulosamente, y además, me conviene que se sepa en el cielo que he sido llamado «el santo» por mis contemporáneos y convecinos. Al confesarme, recuerdo que me costaba trabajo encontrar materia de qué acusarme... Esto no quiere decir que yo me suponga perfecto. ¡No! Al contrario, me creo un gusanillo, un miserable...

—Lo que has de hacer —ordenó el primer juez— no es acusarte de pecado alguno, sino referir cómo has vivido y qué has hecho allá en tu planeta. De ese relato saldrá el conocimiento de tus culpas.


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4 págs. / 7 minutos.
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Publicado el 3 de octubre de 2018 por Edu Robsy.


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