Texto: La Madre Naturaleza

Emilia Pardo Bazán


Novela


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La Madre Naturaleza

Continuación de Los pazos de Ulloa

Es una brillante continuación de "Los pazos de Ulloa"; Emilia Pardo Bazán usa en esta obra una prosa más poética y descriptiva, y en sus páginas se siente el amor que profesa a su tierra recreando los ambientes campestres. Vemos desarrollados los personajes de Perucho y Manolita, y conocemos a otro no menos interesante: Gabriel. La tesis de esta novela es una invocación a la cultura, concretamente a la religión, al naturalismo cristiano, frente al imperio de la naturaleza desordenada y sin control. Es el relato de una atracción incestuosa, un proceso natural condenado por la sociedad: el enfrentamiento entre naturaleza y cultura, expresado como la fuerza irresistible del amor que sienten dos seres (Perucho y Manuela, su hermana por parte de padre) que acaban sucumbiendo a los impulsos naturales.

Fue considerada en el momento de su aparición como uno de los ejemplos más ortodoxos del naturalismo en España, a pesar de sus diferencias con las prescripciones de Émile Zola. Tiene una continuidad temática y cronológica con otra novela de la misma escritora, ya que es la conclusión de la historia de los personajes de Los pazos de Ulloa, continuidad que la autora propone en el subtítulo de la obra.


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Fragmento de La Madre Naturaleza

—Nucha, tómame la lección, que me parece que ya la sé.

Luego una impresión imborrable: la marcha de Santiago, el ingreso en el colegio de —artillería de Segovia, los días terribles de la novatada, la sujeción al galonista, el llanto de furor reconcentrado que le abrasó las pupilas cuando por primera vez tuvo que limpiarle y embetunarle las botas… Y siempre el recuerdo de su hermana, para la cual, más bien que para su padre, se hizo fotografiar apenas vistió, radiante de orgullo y alegría, el uniforme del cuerpo, y de la cual hablaba a sus primeros amigos de colegio con tal insistencia y exageración, que alguno de ellos, sin conocerla, se puso a escribirle cartitas amorosas que leía a Gabriel… Luego, la confusión abrumadora de los primeros estudios serios, de las matemáticas sublimes, de tanta abstrusidad como tenían que meterse en la divina chola para los exámenes… Ahora que Gabriel reflexionaba acerca de tales estudios y mentalmente pasaba lista a sus compañeros de academia, maravillábase pensando que de aquella hueste nutrida desde sus tiernos años con tanta trigonometría rectilínea, tanta álgebra y tanta geometría del espacio, no había salido ningún portentoso geómetra, ningún autor de obras profundas y serias, ni siquiera ningún estratégico consumado, y al contrario, por regla general, apenas se encontraba compañero suyo que al terminar la carrera se distinguiese por algún concepto, o rebasase del nivel de las inteligencias medianas… Mucho caviló sobre el caso don Gabriel, y vino a dar en que la balumba algebraica, el cálculo, las geometrías y trigonometrías se las aprendían los más de memoria y carretilla, a fuerza de machacar, para vomitarlas de corrido en los exámenes; que los alumnos salían a la pizarra como sale el prestidigitador al tablado, a hacer un juego de cubiletes en que no toma parte el entendimiento; y que esta material gimnasia de la memoria sin el desarrollo armonioso y correlativo de la razón, antes que provechosa era funesta, matando en germen las facultades naturales y apabullando la masa encefálica que venía a quedarse como un higo paso. Todo esto se le había ocurrido a posteriori. En el colegio estaba lleno su corazón de esa buena fe absoluta de los primeros años de la vida, y ni soñaba en discutir las opiniones admitidas y las fórmulas consagradas: creía cuanto creían sus compañeros, viviendo persuadido como ellos de que ciertos profesores eran pozos de ciencia, aunque no se les conocía lo bastante, por encontrarse un tantico guillados del abuso de las matemáticas… Con el pundonor innato que le obligaba en Santiago a repasar de noche la lección, Gabriel se aplicó a aprender todas aquellas diabluras del programa, y como su inteligencia era sensible y fresca su retentiva, adelantó, adelantó… Recordaba, no sin cierta lástima de sí mismo, que había hecho unos estudios brillantes. Le alabaron los profesores, despertósele la emulación, no perdió curso…


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287 págs. / 8 horas, 23 minutos / 30 visitas.
Publicado el 8 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.