Texto: La Bola
de Emilio Rabasa


Novela


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La Bola

Novela mexicana de costumbres de corte realista

Novela inscrita en la corriente realista. Es un vasto cuadro de costumbres en el cual el autor muestra sus dotes de fino observador de la podredumbre moral de su tiempo en la esfera política; de la malicia y rústica sutileza para la intriga entre quienes la pueblan; de la engañosa quietud de la vida en provincia, y, finalmente, de los turbios enjuagues capitalinos dentro del ámbito electoral y periodístico.

Rabasa es considerado por muchos uno de los máximos exponentes de las letras mexicanas.


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Fragmento de La Bola

Algunos pedreños, en desproporcionada minoría, lamentaban y temían los desórdenes con que se veían amagados; y esos eran en primer lugar, los que tenían que pagar los gastos de la revolución, y en segundo los que tenían que seguirla, improvisando instintos belicosos. Después de todos estaba yo, que aunque sentía cierto antojo de desorden y de emociones, veía nuevas dificultades para Remedios, y trastorno seguro de mis cálculos y esperanzas respecto a la dueña de mis pensamientos.

Si digo que Remedios era una muchacha tímida, dulce y delicada, no por ello tema el lector de juicio, que vaya a tomarme el trabajo de inventar, pintar y adornar una heroína con tubérculos, ni que quiera seguir hijo por hilo y lamento por lamento la historia triste de un amor escrofuloso. No; Remedios valía más que esas desgraciadas heroínas de la tos; lucía sobre la blanca tez de sus mejillas los colores de las rosas que regaba en sus tiestos por la mañana; la roja y ardiente sangre se trasparentaba en sus labios con vivo color; y la redondez escultórica de brazos, hombros, y cuello, todo suave, sedoso y nacarado, revelaba la fresca salud que el ejercicio doméstico engendra y la pureza de las costumbres hermosea. Alta y esbelta, airosa con natural y no aprendida elegancia, habría sido una lugareña en el aspecto, si la fortuna no hubiera puesto en sus negros y grandes ojos, antes rayos de luna que haces de luz solar. Su mirada, en efecto, era dulce y triste y parecía derramar sus resplandores sobra la tersa y pensadora frente: esto es lo que a mí me hizo rendir el alma, y lo que no olvido ni olvidaré jamás. ¿Qué me importaba que se le tachara de no tener la boca más pequeña? He leído después en algún libro de Zola que las bocas como aquella son sensuales; pero la verdad es que Remedios era más dulce y afectuosa que ardiente y apasionada.


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122 págs. / 3 horas, 34 minutos.
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Publicado el 1 de octubre de 2019 por Edu Robsy.