Texto: Los Abismos
de Felipe Trigo


Novela


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Los Abismos

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Fragmento de Los Abismos

Imposible una mayor y más ciega esclavitud sentimental. Entonces, Libia trató sagaz de aprovechar el momento de lirismo para penetrar en lo que del joven la importaba descubrir. Aparentando ceder un poco a su designio, indagó de qué modo vivirían. Javier díjola que dispondría de una suma suficiente para el viaje y para pasarlo con modestia hasta que le escribiese a sus padres demandándoles perdón. Luego, o éstos querrían socorrerlos con una suma suficiente cada mes, o él, que hablaba el inglés y el alemán, como profesor de idiomas, ganaríala...

—¡Oooh! —volvió a gemir la desilusión de la francesa.

Efectivamente, la escena aquella, decisiva, era la más a propósito para el atolondrado joven, en caso de disponer de medios pecuniarios, hubiera contado con ellos en su audacia.

Pero todavía habían llegado a más, a algo más concreto las no tan torpes investigaciones de la amante. Inventando que habíase hablado mucho en Madrid de cierta aventura de Javier con una bailarina, a la cual habríala puesto casa y automóvil, se le mostró celosa, a su vez con celos retrospectivos; y el cándido Javier, por la fábula halagado donjuanescamente, pero ansioso de probarle a la adorada que todo era mentira, con sinceridad ingenua cayó en la trampa de la confesión a que Libia le empujaba: no sólo no había querido jamás a otra mujer alguna hasta el extremo de desear tratarla así, sino que tampoco había podido: «¡Créeme Libia, Libia mía —fueron sus palabras—; eso de instalar a una querida con casa y automóvil debe de ser cuestión, lo menos, de dos o tres mil pesetas mensuales...; y ¿de dónde las iba yo a sacar, si mi padre no me da más que trescientas?»


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209 págs. / 6 horas, 7 minutos.
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Publicado el 1 de octubre de 2018 por Edu Robsy.


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