Benjamín Arbelloa y los Cowboys de Wyoming

Francisco A. Baldarena


cuento



El escritor.


Benjamín Arbelloa, escritor de cuentos argentino, está de vacaciones en California. Ha alquilado un bungallow a pocos metros de la playa. En este momento se dispone a escribir un cuento. Empieza así:  


Mientras contemplaban el horizonte sentados en una roca, Charly y Johnny soñaban. 


   Me gustaría conocer el mar. Quien dijo esto fue Charly con la vista perdida más allá de las Big Horns, mucho más allá de Wyoming, y más lejos aún sus pensamientos, exactamente en las playas de California que imaginaba como las había visto en la televisión. 


   A mí también. El que respondió fue Johnny, también la con los pensamientos más allá de donde estaban sentados. Imaginaba aventuras a la orilla del mar. 


   Es una pena que no sepamos nadar, se lamentó Charly, echándose el sombrero hacia atrás. 


   Con sentir los pies sobre la arena ya me doy por satisfecho, opinó Johnny. 


   El sol ya se ponía cuando los amigos abandonaron la roca y bajaron a la pradera. 


Benjamín siente de pronto una molestia en la espalda, entonces para de escribir, cierra el cuaderno y va a su habitación. 

   Minutos después, vistiendo bermudas y con un toallón en la mano, se encamina a la playa, a unos pocos metros del bungalow. 



Los personajes.


Mientras tanto, dentro de la historia...


   ¿Tú crees justo que debamos esperar de brazos cruzados a que se le antoje hacernos, quién sabe a qué altura de la historia, llegar al mar, mientras él da unos pasos y ya está en el agua?, le pregunta Johnny al amigo. 


   No, no lo creo, Johnny. 


   ¿Y qué te parece si aprovechamos su ausencia y nos acercamos al agua nosotros también? Un poquito aunque sea, sugiere Johnny. 


   ¡Vamos, entonces! 



La escapada. 


Los amigos abren el cuaderno y mientras Charly, que es el más fuerte, mantiene el cuaderno abierto, Johnny busca un marcador de hojas para no perder el camino de vuelta. En seguida saltan  al respaldo del sofá de mimbre junto al escritorio y de ahí se deslizan hasta el piso. Cuando salen del bungalow han adquirido el tamaño de un adulto.


   Maravillados por la imagen, el olor y el barullo de las olas de las aguas azules e infinitas, sin pérdida de tiempo, los amigos se encaminan a la playa. 



El escritor.


Después de un par de zambullidas, Benjamín extiende el toallón en la arena y se recuesta. Al rato, mientras la historia que está escribiendo discurre en distintas direcciones dentro de su cabeza, percibe a través de los párpados cerrados sombras pasando por él; entreabriendo los ojos ve a dos vaqueros que se dirigen a la playa. 


   "Dos turistas", piensa, luego vuelve a entornar los párpados y sigue elaborando mentalmente distintos desarrollos para la historia. 

   Un poco antes de volver al bungalow oye pasos: son los dos vaqueros abandonando la playa. 



La sorpresa. 


Ya de vuelta al bungalow Benjamín va directo al baño, a darse una ducha. 


   Al retornar al escritorio toma asiento y justo al momento de abrir el cuaderno percibe que algo extraño ha sucedido en su ausencia, porque el cuaderno está empapado de agua. Turbado, lo agarra y se lo lleva a la nariz: el cuaderno, además de mojado, huele a agua de mar. 



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Publicado el 9 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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