Libro gratis: El perro
de Francisco A. Baldarena


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cuento, campo, rural


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El perro

... estaba distraído observando un alboroto en el gallinero cuando sintió lo que le pareció un piedrazo...

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Fragmento de El perro

   Después, cuando se cansaba de divertirse a costilla suya, seguía, dele que dele a hondazos a todo lo que viera, hasta la curva del camino, a una legua del rancho, donde se internaba en el monte junto al puente viejo. Y cuando retornaba, ya de tardecita, casi siempre traía algún pájaro colgando del cinto, sino muerto con un ala rota, y si no veía a nadie en el patio y lo agarraba distraído, con un hondazo sorpresivo le avisaba que ya regresaba de hacer sus echurías. Cuando eso ocurría, salía que se las pelaba antes que alguien de casa saliera a ver por qué aullaba. 

 3

Una de esas tardes, apareció un perro sin dueño babeando cerca del rancho, tenía rabia. Al oírlo escarbar en la vereda, paró las orejas y abandonó el sofá debajo de la galería donde dormía, pero la mirada fea que el rabioso le echó lo hizo volver con la cola entre las patas al sofá, donde se quedó con el cogote estirado para no perderlo de vista. De pronto, lo vio arrancar, ladrando y babeando, hacia el camino. Estiró un poco más el cogote y lo siguió con la mirada. Y no es que por allí venía el sabandija, con la honda ya lista para darle el primer hondazo del día, pero apenas vio al rabioso corriendo hacia él dejó caer la honda y de un salto cruzó la zanja, y como no tenía ningún árbol cercano al cual subirse, escaló como pudo las lineas del alambrado y se quedó haciendo equilibrio sobre uno de los postes mientras el rabioso arañaba el poste tratando de morderle un pie. Entonces, entre los ladridos rabiosos, oyó los gritos de socorro del sabandija. En ese momento se le erizaron los pelos del lomo y de un salto abandonó el sofá. Cruzó raudamente el patio y, veloz como un gato tras una rata, pasó por un hueco del cercado, para luego saltar la zanja e ir atrás del rabioso, que seguía atacando al sabandija. Solo cuando lo tuvo ladrando a un metro, el rabioso se dio cuenta de su presencia, entonces dejó tranquilo a su víctima y se la agarró con él. Pero hasta ahí llegó su valentía, de modo que volvió al camino y salió patitas pa´que te quiero hacia el rancho, con el rabioso a la cola. Y con la misma agilidad de gato saltó a la vereda, embocó el hueco y fue a esconderse en la galería, detrás de unos trastos arrinconados en el fondo. Entretanto, el rabioso, que por ser más corpulento que él no consiguió pasar por el hueco, se quedó en la vereda, ladrando y babeando, mientras arremetía endemoniadamente contra el cercado. Hasta que de pronto, como acordándose del sabandija, dejó en paz el cercado, pero él ya había desaparecido. 


3 págs. / 5 minutos.
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Publicado el 13 de junio de 2021 por Francisco A. Baldarena .


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