Libro gratis: La Repetición de la Muerte
de Francisco A. Baldarena


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cuento


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La Repetición de la Muerte

Augusto de Queirós no murió, sino que sufrió un ataque de catalepsia. Ahora debe salir del cementerio.

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Fragmento de La Repetición de la Muerte


   «Bien, bien, pero si sé que soy quien soy y estoy donde creo estar, ¿por qué me siento como si aún estuviera vivo?» 


   De pronto, recordó viejas historias que contaban los mayores, y que le hacían tener pesadillas, de gente acometida de catalepsia que despertaba bajo tierra y al día siguiente alguien, el sepulturero, un pariente, descubría su cadáver con las manos heridas por las astillas del cajón sobresaliendo de la tierra removida. Esta idea lo aterró aún más. 


  «¿Y si me han enterrado, en lugar de colocarme en la bóveda de la familia?» 


   Incapaz de evitar ya el pánico que lo inmovilizaba, Augusto se armó de coraje y movió sus manos a fin de palpar alrededor, presintiendo de antemano el incómodo roce de los dedos sobre la textura gélida del satén con que se forran por dentro los ataúdes. Su cuerpo, hasta ese momento tieso como una piedra, como si un potente motor hubiese explotado en su interior, entró en total descontrol, agitándose con desesperación. El violento arrebato provocado dentro del ataúd hizo que éste empezara a deslizarse peligrosamente hacia el borde del habitáculo en la pared donde reposaba, hasta que se desplomó contra el piso embaldosado de la bóveda, partiéndose en varias partes. Augusto, dolorido por el porrazo, emergió de los destrozos con movimientos desarticulados soltando un grito de desahogo bestial. Las piernas le flaqueaban, como si fuera un estúpido muñeco al cual recién le hubiesen implantado movimientos humanos. Si en ese momento tuviera frente a un espejo, hubiera visto reflejado en el cristal un muerto-vivo de semblante pálido cadavérico por efecto del polvo de arroz con el cual le habían polvoreado el rostro, y, ciertamente, habría soltado otro alarido horripilante. Con ojos aterrorizados miró en derredor; en la bóveda fría y gris reposaban los restos mortales de sus antepasados y, principalmente, el hueco vacío que le pertenecía. 


5 págs. / 10 minutos.
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Publicado el 13 de agosto de 2021 por Francisco A. Baldarena .


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