Texto: Historia de la Vida del Buscón, llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños

Francisco de Quevedo y Villegas


Novela, Clásico


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Historia de la Vida del Buscón

Novela picaresca

Una de las primeras novelas en inaugurar el género picaresco, además de ser la única novela que escribió Quevedo, si bien nunca reconoció su autoría.

El protagonista, Pablos, es segoviano, hijo de Clemente Pablo, un barbero ladrón y de Aldonza de San Pedro, dada a brujerías. Tenía un hermano de siete años que robaba a los clientes de su padre y que murió el angelico de unos azotes que le dieron en la cárcel. Entra en la escuela, donde conoce a don Diego Coronel, hijo de don Alonso Coronel. Allí Pablos hace amistad con su maestro el cual después de una relación estable, decide, después de un incidente en el tiempo de las carnestolendas, y la vergüenza que pasó de que todo el pueblo lo juzgara por la condición de sus padres, que entre al servicio de don Diego, al cual su padre, don Alonso, decide poner bajo el pupilaje del licenciado Cabra, clérigo avaro que los mata de hambre.


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Fragmento de Historia de la Vida del Buscón

-No se hiciera entre luteranos. ¿Hay tal maldad?

Otro decía:

-El retor tiene la culpa en no poner remedio. ¿Conocerá los que eran?

Yo respondí que no, y agradecíles la merced que me mostraban hacer. Con esto se acabaron de desnudar, acostáronse, mataron la luz, y dormíme yo, que me parecía que estaba con mi padre y mis hermanos. Debían de ser las doce cuando el uno de ellos me despertó a puros gritos, diciendo:

-¡Ay, que me matan! ¡Ladrones!

Sonaban en su cama, entre estas voces, unos golpazos de látigo. Yo levanté la cabeza y dije:

-¿Qué es eso?

Y apenas la descubrí, cuando con una maroma me asentaron un azote con hijos en todas las espaldas. Comencé a quejarme; quíseme levantar; quejábase el otro también; dábanme a mí sólo. Yo comencé a decir:

-¡Justicia de Dios!

Pero menudeaban tanto los azotes sobre mí, que ya no me quedó, por haberme tirado las frazadas abajo, otro remedio sino el de meterme debajo de la cama. Hícelo así, y al punto los tres que dormían empezaron a dar gritos también, y como sonaban los azotes, yo creí que alguno de fuera nos daba a todos. Entre tanto, aquel maldito que estaba junto a mí se pasó a mi cama y proveyó en ella, y cubrióla, volviéndose a la suya. Cesaron los azotes y levantáronse con grandes gritos todos cuatro, diciendo:


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136 págs. / 3 horas, 58 minutos / 32 visitas.
Publicado el 3 de mayo de 2016 por Edu Robsy.