Texto: Once Hijos

Franz Kafka


Cuento


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Once Hijos

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Fragmento de Once Hijos

El tercer hijo es también hermoso, pero no con la hermosura que me agrada. Es la belleza de un cantor; los labios bien formados; la mirada soñadora; esa cabeza que requiere un cortinaje detrás para ser efectiva; el pecho extraordinariamente amplio; las manos que fácilmente ascienden y demasiado fácilmente vuelven a caer; las piernas que se mueven delicadamente, porque no soportan el peso del cuerpo. Y además el tono de su voz no es perfecto; se mantiene un instante; el entendido se dispone a escuchar; pero poco después pierde el aliento. Aunque en general todo me tienta a exhibir especialmente a este hijo mío, prefiero mantenerle en la sombra; él, por su lado, no pone reparos, pero no porque conozca sus defectos, sino por pura inocencia. Aún más, no se siente cómodo en nuestra época; como si perteneciera a nuestra familia, pero además formara parte de otra, perdida para siempre, a menudo está melancólico y nada consigue alegrarle.

Mi cuarto hijo es tal vez el más sociable. Verdadero hijo de su época, todos le comprenden, se mueve en un plano común a todos, y todos le buscan para saludarle. Tal vez esta apreciación general otorgue a su naturaleza cierta ligereza, a sus movimientos cierta libertad, a sus razonamientos cierta inconsecuencia. Muchas de sus observaciones merecen ser repetidas, pero no todas, porque en conjunto adolecen realmente de extremada superficialidad. Es como aquel que se eleva maravillosamente del suelo, hiende en los aires como una golondrina, y luego termina desoladamente su vuelo en un oscuro desierto, en una nada. Estos pensamientos me amargan cuando le contemplo.


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5 págs. / 9 minutos / 251 visitas.
Publicado el 14 de febrero de 2017 por Edu Robsy.