Texto: Un Viejo Manuscrito

Franz Kafka


Cuento


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Un Viejo Manuscrito

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Fragmento de Un Viejo Manuscrito

No se puede hablar con los nómadas. No conocen nuestro idioma, y casi no tienen idioma propio. Entre ellos se entienden como se entienden los grajos. Todo el tiempo se oye ese graznido de grajos. Nuestras costumbres y nuestras instituciones les resultan tan incomprensibles como sin interés. En consecuencia, ni siquiera tratan de entender nuestro lenguaje de señas. Uno puede dislocarse la mandíbula y las muñecas a fuerza de ademanes, no entienden nada, y no entenderán nunca. A menudo hacen muecas; en esas ocasiones muestran el blanco del ojo, y les sale espuma de la boca, pero con eso no quieren decir nada, ni tampoco causar terror; lo hacen por costumbre. Si necesitan algo, lo roban. No puede decirse que utilicen la violencia. Simplemente, se apoderan de las cosas, y uno se hace a un lado y se las cede.

También de mi tienda se han llevado excelentes artículos. Pero no puedo quejarme, cuando veo por ejemplo lo que ocurre con el carnicero. Apenas llega su mercadería, los nómadas se la llevan e inmediatamente se la comen. También sus caballos devoran carne; a menudo se ve a un jinete junto a su caballo, comiendo el mismo trozo de carne que éste, una punta cada uno. El carnicero es miedoso y no se atreve a suspender los pedidos de carne. Pero nosotros comprendemos su situación, y hacemos colectas para mantenerle. Si los nómadas se encontraran sin carne, nadie sabe lo que se les ocurriría hacer; por otra parte, quién sabe lo que se les ocurrirá hacer, aun comiendo carne todos los días.


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2 págs. / 3 minutos / 37 visitas.
Publicado el 14 de febrero de 2017 por Edu Robsy.