Texto: Educación holista, camino de inteligencia espiritual

Fundación Ramón Gallegos


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Educación holista, camino de inteligencia espiritual

La integridad es una categoría fundamental en la educación y sólo a través de una visión holista se puede alcanzar, de tal forma que en la práctica educativa debe estar en armonía su contexto y la propia personalidad del educador. Es decir, un educador tradicional, tecnócrata, crítico, constructivo, complejo tendría una visión parcializada, se necesita un educador holista que entre en interdependencia con la sociedad y con su nivel de consciencia de segundo grado porque de esta manera su desarrollo profesional y personal sería más incluyente, ayudando entonces a guiar, formar y desarrollar a sus alumnos dentro de esta perspectiva integral.


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Fragmento de Educación holista, camino de inteligencia espiritual

El tercer nivel de inteligencia es el más importante, es el nivel superior y se corresponde con la inteligencia espiritual, también es exclusivamente humana y está basada en la sabiduría, nuestra capacidad de visión holista de la realidad profunda, de comprensión de contextos y de realidades significativas. Opera con el ojo de la contemplación, es una inteligencia transpersonal porque se sitúa más allá del ego narcisista. Opera con visión universal, es transracional y tiene la capacidad de relacionarnos armónicamente con la totalidad.

 

Es sin duda alguna que este orden holárquico para los docentes que nos ubicamos en una práctica racionalista y fundamentalista, es novedoso y que requiere de un nuevo entendimiento para empezar a romper paradigmas existencialistas que ahora nos damos cuenta que se encuentran en un plano de capacidades de bajo nivel. Urge entonces, empezar a revisar este tercer nivel de inteligencia espiritual para darle mayor significado y sentido en una primer instancia a nivel personal y después en lo profesional, ya que es trascendental empezar a superar los grandes encargos sociales que la labor docente define y determina en este siglo XXI y así superar todas aquéllas creencias que ha encerrado la calidad educativa en el estancamiento de cumplir con la formación y el desarrollo de un ser humano integral y armonioso tal como lo señala el artículo 3ro constitucional. Es necesario pues, que el docente supere los grandes conflictos entre el proceso de la enseñanza y aprendizaje y comprenda los nuevos dilemas para alcanzar de manera integral el desarrollo espiritual de los alumnos, pero esto solamente se podrá llevar a cabo siempre y cuando el docente empiece a generar los cambios significativos desde el autoconocimiento para después hacerlo transpersonal y transracional dentro de la práctica docente.


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16 págs. / 28 minutos / 3 visitas.
Publicado el 16 de mayo de 2018 por Fundación Ramón Gallegos.