Texto: El Sillón Maldito
de Gastón Leroux


Novela


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El Sillón Maldito

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Fragmento de El Sillón Maldito

Más arriba, en la oscuridad, una voz, la voz cazallera hacia la que Hippolyte Patard no osaba levantar la mirada, que decía:

—¿Es que quiere matarlo?

Y esto, dicho con acento de Aveyron, pues la Babette era de Rodez, como Martin Latouche. Hippolyte Patard no contestó, pero se estremeció. Y la voz volvió a hablar:

—Diga, señor Perpetuo, ¿es que quiere matarlo?

El señor Perpetuo sacudió enérgicamente la cabeza, en señal de negación.

—No… —acabó por atreverse a decir—. No, señora, no quiero matarlo, pero sí me gustaría mucho verlo.

—Bueno, pues va usted a verlo, señor Perpetuo, porque en el fondo tiene usted una cara de buen hombre que me ha caído bien. Lo va usted a ver porque está aquí… Pero antes, es preciso que le hable… Es por eso que me ha de perdonar, señor Perpetuo, por haber introducido a un hombre como usted en mi cocina.

Y la terrible Babette, que al fin había soltado el mango de escoba, le hizo seña a Hippolyte Patard para que la siguiera al rincón de la ventana donde encontraron una silla para cada uno. Pero antes de sentarse, la Babette fue a esconder el quinqué detrás de la chimenea, de tal modo que el rincón al que había arrastrado al señor Perpetuo se hallaba sumido en una noche opaca. Después regresó y, muy despacio, abrió una de las contraventanas interiores que cerraban la ventana. Entonces quedó a la vista un lado de la ventana, con sus barrotes de hierro; y al colarse a través de esos barrotes un poquito del trémulo resplandor de la farola, abandonada en la acera de enfrente, el rostro de la Babette se iluminó suavemente. El secretario perpetuo la observó y se sintió tranquilo, a pesar de que todas las precauciones que había tomado la vieja sirvienta no hubieran dejado de intrigarlo, e incluso de inquietarlo. Ese rostro, que en algunos momentos debía ser bastante temible de ver, expresaba en aquel sombrío instante una dulzura lastimera que inspiraba confianza.


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155 págs. / 4 horas, 32 minutos.
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Publicado el 21 de marzo de 2017 por Edu Robsy.


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