Texto: Bendito Tormento, Diario de la primera vez que volví a asesinar
de Gerardo P. Nieves


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Bendito Tormento

Barajo mis días marcados con impoluta decencia, lo que solo quiere decir que no tengo mañana, ni hoy ni nunca. Ayer, solo un filo por el que dejé derramar mi cáliz, esa miel tan secreta que encanta a las gentes sin sonido. Los ojos de una vida que nada tiene que decir jamás y a veces, como ahora, simplemente no puedo decir la verdad.


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Fragmento de Bendito Tormento

 

 

 

 

Anclas de hueso son mi memoria

Mis sueños, mi amor, mis fantasías;

 

 

 

Mi espada es una flor cuyo perfume solo perciben mis enemigos. Los que se mueven por los rincones acechando el desencanto, los invisibles a la vida, los que no tienen nombre en la lengua finita de las cosas. Es así como son mis soles muchos y mis sombras se entrecruzan formando un abanico destrozado. Así es que infinitos caben en unos marchando bajo el puente de un encanto cuyo presente es un punto fijo desde el cual las estrellas son solo ilusión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nadie me esperará si yo vuelvo

Y sé que donde voy nadie espera.

 

 

 

Este templo en ruinas que repite esas voces que mi vida calla. Esta es mi propia voz, el silencio de mis órganos uniéndose a la tierra. Un proceso lamentable e inocente. Solo tu sangre prueba que esta escena continúa, y si estás demasiado cerca, hay un latido que sopla entre las piedras. Nada sino es lo que fuera. Amor, bendito sepulcro que mi fantasma visita todas las noches de arena que el mundo tarda un siglo en contar.


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5 págs. / 10 minutos.
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Publicado el 25 de octubre de 2018 por Ludivan.


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