Bendito Tormento

Diario de la primera vez que volví a asesinar

Gerardo P. Nieves


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Bendito tormento

 

(Diario de la primera vez que volví a asesinar)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gerardo Pastorino Nieves

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No es ahora más libre mi carne

Porque dejó de ser solo mía;

 

 

 

Barajo mis días marcados con impoluta decencia, lo que solo quiere decir que no tengo mañana, ni hoy ni nunca. Ayer, solo un filo por el que dejé derramar mi cáliz, esa miel tan secreta que encanta a las gentes sin sonido. Los ojos de una vida que nada tiene que decir jamás y a veces, como ahora, simplemente no puedo decir la verdad.

 

 

 

 

Anclas de hueso son mi memoria

Mis sueños, mi amor, mis fantasías;

 

 

 

Mi espada es una flor cuyo perfume solo perciben mis enemigos. Los que se mueven por los rincones acechando el desencanto, los invisibles a la vida, los que no tienen nombre en la lengua finita de las cosas. Es así como son mis soles muchos y mis sombras se entrecruzan formando un abanico destrozado. Así es que infinitos caben en unos marchando bajo el puente de un encanto cuyo presente es un punto fijo desde el cual las estrellas son solo ilusión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nadie me esperará si yo vuelvo

Y sé que donde voy nadie espera.

 

 

 

Este templo en ruinas que repite esas voces que mi vida calla. Esta es mi propia voz, el silencio de mis órganos uniéndose a la tierra. Un proceso lamentable e inocente. Solo tu sangre prueba que esta escena continúa, y si estás demasiado cerca, hay un latido que sopla entre las piedras. Nada sino es lo que fuera. Amor, bendito sepulcro que mi fantasma visita todas las noches de arena que el mundo tarda un siglo en contar.

 

 

 

 

Nadie perturba más este yermo

Que hasta ayer, no más, fuera mi vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Mi orgullo ante los ángeles es apenas derramar mi propia carne, ante un altar que está en el centro del ojo del mundo, esta pequeña llave que solo abre otra esfera. La espada cuida el secreto infinito. Nadie está a salvo de colmar la copa y de pronto vaciar todo lo atesorado; “sabed que reunís este néctar para alimentar mi vacío corazón”.

Yo soy dios ahora y vago por los oscuros rincones de tu laberinto. Huele a miedo y a heces de mono pero en mi mente un instante es lo eterno. Jamás saldría a buscarte, recuerdo de esa ansia que mi verbo silencioso hizo caer por tierra, bendiciendo el camino de un dolor ilusorio.

Nada es para siempre. Y esta es una ley o un maestro que adiestrará vuestra carne para no volver ante mi vista. Y maldito sea el último despojo de esta humanidad cuando abandone mi obra. “

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nada es nada. Un abrigo,- una vida-, que ya esta muy gastado, raído, que cuelga de uno mismo como una pringue, una maldición que nos protege, un camino imposible que se ha hecho los pies lastimados de un alma que necesita andar. Siempre esta ciudad llena de luces y oscuridades irrelevantes.

La frente sin nadie en que pensar, sin un mundo ante el cual sucumbir placidamente. Solo un frío frente al que una cara contraída es como un cartel que no dice nada como cualquier otro, un congelamiento del espíritu que deja sobre la tierra ese pedazo de carne tan fácil de ser penetrado.

La publicidad luminosa de la parada de ómnibus apenas parecía algo por donde comenzar a odiar a toda la raza humana. Y sin embargo lo único que hizo, fue encender un cigarrillo y tirar su cuerpo sobre la madera transpirada de aquel banco simple como su cansancio.

Teresa era un muy cercano recuerdo contranatura, cuya carne tibia y palabras de jadeo indescifrable, se habían convertido en un cuadro inhumano y un silencio perfectamente comprensible. Nada que se vuelve a la nada. Una vida que fue desnudada.

El amor que tiritaba en el rincón mas oscuro de su alma, se había convertido en piedra, y muy lejos de florecer fue la tierra que cubrió una semilla nueva, un delirio de franqueza durante el cual se había escuchado la verdadera voz de esa delicada creación suplicando por una vida detestable.

Las primeras pitadas acariciaron la ansiedad de unas manos inquietas. Solo el viento, obstinadamente frío, comprendía esa forma de estar sin ver más allá del propio sueño. Y sin querer, tras darle tres o cuatro besos a un túnel con gusto a muerte, la luz de la calle, pálida y helada, inhumana como el azul de las estrellas, trajo entre sus pliegues de misterio sin nada, el cuerpo de un ser maravilloso.

Entre los velos de sangre y humo…jamás sopló otra ausencia más acechante que una mirada clavada en el borde del mundo. Así el sonido de sus pasos martillaron el féretro de Teresa, y para siempre su alma está encadenada a esta culpa de  la humanidad toda descubierta por un solo hombre. Aunque sobre aquella cara contraída por el frío cayera tan solo un deseo de autoexterminio como una máscara puede ser arrancada del rostro de un muñeco y así tampoco el mundo diría por aquella boca que la muerte es el perfume del vacío.

Los músculos de su duelo se transformaron en un espíritu escondido. Y Teresa desdijo toda su vida hasta el momento en que su espíritu fue descubierto por el acero de la noche. Un frío que quema junto al corazón, una palabra que calla guardada en un bolsillo. El palpitar de un hueco en la muralla que separa la vida del paraíso.

Teresa, el amor, su carne que nunca fue tan cálida como después de abierta….la noche tan fría como un nylon sobre una herida, una asfixia de la sangre  que bulle y hierve volcando su ira sobre los ojos de la criatura. La luna ni siquiera despegó una pestaña para saber de este sueño cuyos cuerpos estaban teniendo.

Las marionetas. Los mandatos de la profundidad de todos los destinos soplaron las copas de todos los árboles, dándole vida a unas manos sin alma. Dios fue testigo. Y ninguna fuerza pudo volver del revés aquel otro verbo, la  moneda con la que se juega a lo impronunciado.

Teresa, esta sangre lava tu recuerdo. La fuerza de mi corazón dice que obra sobre mí como el secreto engendra el homúnculo. Magia fue lo que abrió mi voluntad sin pronunciar palabra. Qué guardián estaba dormido para dejarme entrar en el jardín de la vida? Nunca tendremos esta conversación ni la luz de tus ojos fríos dirá mi secreto otra vez. Ese es el dolor que hace de mis rayos espinas, y muere siempre en otros ojos…Muere, muere. ¡Muere!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“El cuarto estadio de la luna de septiembre decido que el sufrimiento acaba donde comienza, solo es una raíz colgada de un cielo vacío. Los sueños más extraños me han visitado mientras tendido en mi cama estas noches oscuras que he atravesado desesperadamente dejaba mi alma colgar de un hilo muy fino sobre el abismo de ser quien soy.

Hasta esta madrugada, cuando aún era noche el mundo y la noche había recién perdido sus manos en el horizonte. Estando profundamente dormido tuve la poderosa certeza de que en realidad velaba, y el verdadero rostro bajo mi rostro volvió a presentarse ante mí durante unos instantes, suficientes como para que reconociera la grandeza y la inconsistencia de ser dentro de ser.

Mi carne agitándose dolorosamente en su infimidad de toda forma; pero acaso no es esa la condena de haberse hecho carne aquello que fue creado para ser una estrella?”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La humanidad como epílogo…

 

 

 

 

 

La soledad contrae sus pupilas y deja ciego el corazón. Entonces lo veo todo como si antes nunca hubiera abierto los ojos, nunca hubiera sentido, siempre estuviera entre los pétalos de mi propio mundo. Los nenúfares del jardín abren sus corolas a la noche para beber del cristalino rocío durante la oscuridad, claro, son tan blancos y tan rojos, tan hechos para que la luz los divinice que la noche seguramente debe traerles algo de si mismos que no conocen. El enigma es siempre la respuesta de la sed y la naturaleza debe estar de espaldas a su propia imagen. Como yo ahora mismo soy incapaz de reflejarme en este mundo circundante que me deja siempre solo ante mi propio vacío, abandonado por mi mismo.

No hay fatalidad en el recuerdo, nada que sea inevitable, por mas que los días se peguen entre si como hojas de papel en el agua. Y se, a ciencia cierta, que no soy un eco, ni siquiera de mi propia voz a ultranza; no puedo repetirme porque estas palabras definitivamente son nuevas para mi. Nunca antes me había visto con los ojos cerrados, con el alma apretada de esta forma que me recuerda a los nenúfares antes del ocaso, con esta ansia sin objeto que solo hace que me devore a mi mismo.

Es la noche…y nadie tiene nada que decirme que ya no haya oído antes. Estoy solo…y nada puede reconstruirme a partir de mis cenizas. Enciendo un cigarrillo después del otro sin encontrar tiempo entre ni durante este ni el siguiente, como si solo respirara el mismo aire que exhalo hasta asfixiarme con mi propio aliento, tan hermosamente que por mas que desee mi alma un verbo, dios hace silencio y observa, aunque se que estoy muriendo, que todo esta bien hecho.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por qué esta vida me cuesta un destino, y tu amor un silencio? Yo puedo ver las esferas rodar entre si perfectamente. Sé que es una caja de música esta realidad que se repite hasta el cansancio. Pero es como si mi nombre y tu nombre hubieran sido borrados del cielo y luego nada mas nos quedara la carne para habitar y encontrarnos uno con el otro en cualquier parte de este  mundo. Un laberinto del que nunca saldré, ahora que mi corazón esta roto, solo señala hacia si mismo?

Cual es la salida de este ser que me atrapó entre sus harapos? No soy esto, ni lo otro, ni soy mi voz ni mi silencio. Vivo en un paraíso de la mente de dios que aun no tiene vehiculo ni tentaciones. Perfectamente esférico como algo que no ha sido susurrado al jardín.

Qué me detiene, sino esta piel que he inventado para separarme de tu creación, silencio ante el que ningún mortal se pronuncia? No estoy frente a nada pues el mundo en mis ojos se presenta inmenso, lo que soy, como si estuviera mirando en realidad dentro de mi perfección.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Publicado el 25 de octubre de 2018 por Ludivan.
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