Libro gratis: Dolores, Páginas de una crónica de familia
de Gertrudis Gómez de Avellaneda


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Dolores

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Fragmento de Dolores

En medio de todo, no echaba en olvido a su privado: trataba con él de trovas y música—pues ambos se preciaban de hábiles en rimar y en tañer la vihuela—terciando en aquella conversación el apuesto Rodrigo de Luna, sobrino del condestable—joven de diez y ocho a veinte años, de mediana estatura, bellas proporciones, magníficos ojos árabes negros y rasgados, delicada tez, ensortijados cabellos, y muy graciosos modales.—Era también alumno de la gaya ciencia, y por esto, como por su parentesco con D. Alvaro, alcanzaba del rey particular distinción, que sabía justificar mostrándole tanto afecto como deferencia.

Nada agradaba tanto a D. Juan II de Castilla como el hablar de poesía, mayormente si eran sus oyentes o interlocutores el condestable y su amable deudo Rodrigo de Luna; pero en el día que nos ocupa sabía violentarse, abreviando aquellas dulces conferencias para no disgustar a su corte; y ora se acercaba al conde de Medinaceli, ora al de Benavente, aquí informándose de la salud del Maestre de Calatrava—que aun se hallaba convaleciente de unas cuartanas—allá chanceándose con D. Pedro Hernández de Velasco, que parecía algún tanto meditabundo y mohino. En efecto, los aprestos de guerra que hacia el rey de Aragón contra Castilla traían pensativo al camarero mayor: el infante don Juan permanecía todavía en la corte de Castilla, no aspirando—al parecer—á otra cosa que a derrocar a D. Alvaro y a sustituirle en el favor que envidiaba; pero su hermano Alonso V se preparaba a vengar con las armas la prisión del infante D. Enrique, o por lo menos tomaba este pretexto plausible para desfogar contra el castellano la cólera por sus desastres sufridos en Italia. La guerra, por tanto, era un hecho próximo, que no podían dejar de verlos espíritus menos previsores; pero que nada influía en el ánimo del joven monarca cuando celebraba el bautizo de su primogénito, y que viendo en torno suyo tranquilos y afectuosos a tantos magnates turbulentos—cuyas ambiciones y discordias convertían comúnmente su corte en un campo de batalla—se creía en aquel momento el más feliz de los hombres y el más venerado de los reyes.


75 págs. / 2 horas, 12 minutos.
54 visitas.
Publicado el 2 de octubre de 2021 por Edu Robsy.


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