Texto: El Hombre Eterno
de Gilbert Keith Chesterton


Ensayo, Teología, Filosofía


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El Hombre Eterno

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Edición física


Fragmento de El Hombre Eterno

Por supuesto, la mayoría de estos especuladores que hablan de los hombres primitivos piensan en los hombres salvajes modernos. Prueban su progresiva evolución presuponiendo que una gran parte de la raza humana no ha progresado, evolucionado o sufrido cambio alguno. No comparto su teoría del cambio, ni estoy de acuerdo con su dogma de cosas que no cambian. Es posible que no crea que el hombre civilizado haya tenido un progreso tan rápido y reciente, pero me cuesta entender por qué el hombre no civilizado habría de ser tan místicamente inmortal e inmutable. Creo que es necesaria una forma algo más sencilla de pensamiento y de discurso en el desarrollo de esta averiguación. Los salvajes modernos no pueden ser exactamente como los hombres primitivos, porque no son primitivos. Los salvajes modernos no son pretéritos, porque son hombres modernos. Algo ha influido en su raza, lo mismo que en la nuestra, a lo largo de los miles de años de nuestra existencia y supervivencia sobre la tierra. Han pasado por algunas experiencias y es de suponer que hayan tomado decisiones, beneficiándose en muchos casos de las mismas, como el resto de nosotros. Han vivido en un cierto entorno e incluso bajo un entorno cambiante, y es de suponer que se hayan adaptado al mismo de una forma adecuada y acorde con el desarrollo de su evolución. Esto habría sido así aun cuando las experiencias no hubieran sido muy fuertes o aunque el entorno hubiera sido monótono, pues con el correr del tiempo siempre llega un momento que adopta la forma moral de la monotonía. Sin embargo, mucha gente buena, inteligente y bien informada, considera igual de probable que la experiencia de los salvajes ha sido la de una decadencia de la civilización. La mayoría de los que critican este punto de vista no parecen tener una noción muy clara de lo que sería la decadencia de una civilización. Que Dios los ayude. Es probable que pronto lo descubran. Parecen alegrarse cuando descubren que los hombres de las cavernas y los caníbales de una determinada isla tienen cosas en común, como el uso de determinados utensilios. Pero parece obvio, en contra de esta opinión, que ninguna persona que se ve rebajada por alguna razón a una vida más dura, habría de tener por ello cosas en común. Si perdiéramos todas nuestras armas de fuego, construiríamos arcos y flechas, pero no necesariamente nos pareceríamos por completo a los primeros hombres que construyeron arcos y flechas. Se dice que los rusos en el momento de su retirada tenían tan poco armamento que se pusieron a luchar con palos cortados del bosque. Pero un hipotético profesor del futuro erraría al suponer que el ejército ruso de 1916 era una tribu de escitas que caminaban desnudos y que nunca habían salido de los bosques. Es como decir que un hombre en su segunda infancia debe copiar exactamente la primera. Un bebé nace tan calvo como un anciano, pero sería un error para un hombre que desconociera la infancia deducir que el bebé habría de tener una larga barba blanca. Tanto el niño pequeño como el anciano caminan con dificultad, pero el que espere ver al anciano colgado a su espalda pataleando alegremente, quedará un tanto defraudado.


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338 págs. / 9 horas, 51 minutos.
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Publicado el 14 de octubre de 2017 por Edu Robsy.


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