Quiúbole.Hola de nuevo.

Pensando, Recordando

Granmidas


Realidad, no ficcion, Atentados, Madrid, Gurona, Guadalajara, 11s, 11M, David


# IAquiúbole
## Prólogo: El destello de la memoria
Hay momentos en la vida que hacen que todo se encauce hacia una dirección, aunque a veces haya que dar mil rodeos para llegar al destino. Y es aquí donde me encuentro. No sé cuánto tiempo después, tampoco sé si estoy en el camino correcto. ¿Lo hay? Vete a saber. 
Solo sé que algo me hizo *flash* mientras leía el libro de Guillaume Musso, *¿Estarás ahí?*. Un destello que me recordó a un libro que no encontré en ninguno de mis dispositivos informáticos: ni en el lector de *e-books*, ni en el ordenador, ni en mis escritos. No estaba ahí; se había perdido para siempre en algún lugar de mi subconsciente. Pensé que jamás lo encontraría, porque tengo una memoria nefasta para los títulos y los argumentos. No recuerdo los finales de las películas ni de los libros, ni siquiera el nombre de los personajes importantes. 
Supongo que eso nos pasa a todos. Por eso necesitamos los ordenadores: para que constantemente nos recuerden las cosas que no logramos retener en la cabeza. Hay tanta información volando por ahí que es imposible retenerlo todo. 
Pues sí, el libro que recordé gracias a ChatGPT se titula *Volver a empezar*, de Ken Grimwood. Espero que, al escribirlo por aquí, no lo olvide nunca más. Quién sabe hasta dónde llegará este escrito; Dios dirá. No soy un escritor de renombre, posiblemente no escriba ninguna novela. A lo mejor me muero en un par de meses o vivo unos cuantos años más; estoy pendiente de unas pruebas médicas que no me convencen demasiado. No quise mirar los síntomas y los médicos tampoco han sido muy claros. Ya se sabe: antes de darte una mala noticia, la prolongan en el tiempo y se aseguran muy bien de que todo sea correcto y no haya vuelta de hoja. 
Volvamos al tema central: cómo descubrí este libro y lo que me ha hecho pensar. Debería escribir una segunda parte, aunque la verdad es que no sé si estoy a la altura. Es un proyecto impresionante y necesito ayuda; tengo buenas ideas, pero nunca he escrito nada parecido y me cuesta desligarme de mi sensación de escritor *amateur*. No quisiera estropearlo, pero bueno, todo es práctica. Ahora tengo el libro un poco más reciente en la cabeza, me lo he leído casi entero por segunda vez (aunque no recuerdo el final, me deben quedar como cuarenta páginas o así). No pienso reescribir el final y continuar por donde el autor lo dejó, me resulta un poco difícil. Quizás debería escribir mi propia versión. A ver qué tal me queda. Vamos allá.
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## Capítulo 1: Descubriendo un libro apasionante (cosa que no es fácil)
Me encuentro deambulando por la biblioteca Salvador Allende, situada en el *Espai Marfà* de Girona. Acabo de salir de una actividad relacionada con el CSM (Centro de Salud Mental). Al acabar, nos dicen que busquemos libros que nos atraigan. Yo, la verdad, no sé por dónde empezar, y eso que la biblioteca no es muy grande. Pero seguro que nadie tiene una biblioteca de ese tamaño en casa; no tengo idea de los ejemplares que abarca, serán miles, quizás unos cientos de miles, y eso que es de las más pequeñas de Girona. Aunque realmente no las conozco todas; no es que me dedique a ir a ellas. Para mí son como monstruos antiguos que tienen pinta de desaparecer con el tiempo, toda una pérdida de cultura. Espero que no desaparezcan nunca. ¿Por qué estoy aquí en esta biblioteca y por qué he ido a esta actividad? Quizás ahora no tenga mucha importancia. 
Ojeo entre los libros. Podría citar títulos, pero serían al azar, ninguno destaca precisamente mi atención. Así pues, los paso por alto. Solo uno llama mi atención (o solo escojo uno, vete a saber por qué; quizás por el título, quizás por la portada) hasta que lo saco del muro en el que se encuentra. Porque ciertamente es un muro, no caben muchos libros más. El caso es que lo tomo en mis manos y anoto su nombre en el móvil: *Volver a empezar*, de Ken Grimwood. Leo la temática y me fascina. Ahora mismo no te la revelaré, pero se convirtió en mi libro favorito una vez que lo busqué en una librería pirata de esas que circulan por la red, me lo descargué y lo leí en el Kindle. Bueno, Kindle tengo ahora; creo que en su momento era un bq Cervantes con retroiluminación que todavía me funciona, pero no conservaba los libros. 
Esto me sucedió hace más de cinco años, diría que por la época en la que iba al centro de rehabilitación para personas con algún tipo de enfermedad mental.
Soy un aficionado a los clubs de lectura. La verdad es que no voy mucho, pero tengo tiempo libre al no trabajar desde hace años, porque mi cabeza no estaba (ni siquiera lo está ahora) en el mejor de los momentos. Pero me gusta leer, que me recomienden libros y asistir, cuando el tiempo lo permite, a mis clubs de lectura. Por cierto, no me gusta mojarme, así que si llueve no suelo acudir. Esto quiere decir que leo mucho, aunque debido a mi enfermedad y a los medicamentos que tomo, olvido fácilmente lo que hago, lo que leo, lo que hice en mi pasado, lo que me sucedió y por qué estoy como estoy. A veces, en algunas temporadas, escribo alguna cosa: paranoias, preocupaciones, cosas por el estilo.
Así que, si perdéis el hilo o si no os interesa seguir leyendo, lo entiendo. Hace tiempo que perdí mi voz y quizás también mi voto en esta sociedad. No porque no lo tenga, sino porque hasta me cuesta ir a votar a cualquier partido; perdí mi fe en la política a los 22 años. Solo he votado una vez y ya no me acuerdo por qué, pero voté a Zapatero. Y ahora están saliendo pruebas incriminatorias de pagos recibidos por la ayuda a la compañía aérea Plus Ultra (creo que se llama así; tampoco veo mucho la televisión, pero de vez en cuando la pongo y me entero de alguna cosa). 
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## Capítulo 2: El efecto mariposa y la pérdida de la fe
Volviendo al caso de por qué perdí la fe en la política, me retorno al año... no sé qué año, quizás debería documentarme algo. Bueno, si te interesa, lo buscas tú. Gobernaba Aznar. Hacía poco que las Torres Gemelas habían sido derribadas el 11 de septiembre de 2001 y EE. UU., como contramedida, había iniciado una persecución contra Osama bin Laden (o como se escriba, no tengo muchas referencias históricas, mi cabeza es un caos). Se fue a la guerra contra Afganistán e Irak, creo. Arrestaron al presidente de Irak y, en una operación aérea, se supone que mataron al que fue la cabeza pensante de los atentados, ya que los que los ejecutaron casi todos se inmolaron en los aviones que se estrellaron contra las torres y, si no recuerdo mal, contra el Pentágono. 
Todo esto fue una catástrofe internacional, pero a mí, en principio, no me afectaba para seguir mi vida diaria. Pero este es un sistema global, y como el aleteo de una mariposa que puede causar un tornado en otra parte del mundo, esto causó que Aznar se pusiera de acuerdo con los americanos y apoyara la guerra de Irak. Por consiguiente, como represalia, los atentados de Madrid del 11 de marzo de 2004 se cobraron la vida de un buen amigo mío y vecino, con el que había compartido más de diez años de vida. Se merece que escriba su nombre para que nadie lo olvide: **David Santamaría García**. Si no me falla la memoria (yo diría que no, pero convendría buscarlo), le dieron nombre a un pabellón de la ciudad de Guadalajara porque era un gran deportista y jugaba al fútbol. Muchas tardes nos las pasábamos pateando un balón en un campo de tierra de fútbol sala situado junto al colegio en el que ambos estudiábamos, el San Pedro Apóstol. Él era un año menor que yo, pero al ser mi vecino nos llevábamos estupendamente. Pasamos muchos fines de semana practicando botellón y saliendo por los bares de mi ciudad con nuestra colla de amigos. Pero eso es otra vida. Ya pasó, se esfumó, me la quitaron como la adolescencia. No sé si merece la pena que siga escribiendo de ello. Espero que sus recuerdos perduren en mi cabeza hasta el día de mi muerte.
Puedo seguir escribiendo o pararme en seco, como hago casi siempre. Disculpad mis faltas de ortografía, mi mala sintaxis y mi gramática, pero no dispongo de un corrector y tampoco sé utilizarlo. No soy de partes muy largas.
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## Capítulo 3: El arte de comenzar de nuevo
Bueno, continúo. No sé ni por dónde lo dejé: un tema abierto en mi amigo fallecido, otro tema es mejorar las faltas ortográficas y la presentación. Os ruego que no me abandonéis todavía por esas minucias; son tantas las ideas que me pasan por la cabeza en este momento, y tan difícil estructurarlas debido a mi mala memoria (hace más de veinte años de lo sucedido). Así que volveré a encauzar el tema. Si es que alguna vez hay un único camino, siempre es volver a comenzar, y una vez acabas, vuelves a leer. 
Bien, no quiero fastidiarles el final, solo invitarles a continuar con esta como con cualquier otra lectura que comienzan, porque nunca se sabe lo que despertará en uno al término de ella. El libro que más me había impactado en la vida fue el libro de *Martes con mi viejo profesor* (no sé el autor, quizás no sea el título original, pero si lo buscan lo encontrarán). Animo a que lean e investiguen y se empapen de cada lectura como si fuera un trabajo, porque la verdad es que lo es tanto como escribir. Un buen lector se mete dentro de cada lectura y, mientras lo hace, se vincula con su propia historia y recuerdos, a la historia de la que parte cada libro que uno comienza. 
Este documento es solo la idea de que se puede viajar en el tiempo. Quizás no cambiar las cosas, pero viajar a los recuerdos es una forma de viaje, aunque no siempre se pueda viajar exactamente al pasado vivido sino al imaginado, y las cosas no sean precisamente una réplica exacta de lo que sucedió. Por mucho que se quiera, no existe una vida grabada de principio a fin en la que todo se recuerde, aunque haya películas impactantes como *The Truman Show* que a veces nos hagan pensar lo contrario.
Alguna vez imaginé que podría recuperar cada uno de los escritos que redacté en cuadernos, folios y documentos de texto para, quizás algún día, convertirlos en una novela. Pero no me ha sido posible hasta ahora, por lo que sigo escribiendo como si algún día ese día llegara. Dentro de dos días cumplo cuarenta y seis. Mi salud no es la más adecuada, pero me niego a dejar de escribir, a pesar de que me guste más leer a otros. No avanzo con la celeridad deseada, ya que mi mente no es una IA y sacar cada recuerdo es imposible. Quizás algún día alguna empresa se ponga manos a la obra y baste con escribir un nombre, apellido y DNI para que salga toda la vida de alguien de cabo a rabo, escrita como si fuera una novela. Quién sabe. Yo escribi mucho, pero no tanto como para ser publicado; no muy claro, con muchas faltas en cuadernos... se me olvidó hasta lo que escribí. No sé si era muy bueno o muy malo, nunca lo encontré, a pesar de que leo mucho por si encuentro algún rastro de mis escritos de mi pasado. Sí, creo que escribo desde que iba a la escuela, aunque creo que me centré más cuando estaba en el bachillerato, donde a veces no dormía por seguir escribiendo.
Me puse a repasar las faltas y casi lo estropeo: borré parte de lo escrito porque soy un manazas y este ordenador no quiere que escriba una historia como esta. Pero yo sigo haciéndolo a pesar de mis limitaciones. En mis cuadernos habrá mil erratas, pero al menos cuesta más eliminar aquello que uno escribe; aquí, con un golpe de ratón, todo se va a la mierda. Bueno, a veces deshaciendo se arreglan las cosas, pero otras suponen una pérdida total de lo escrito.
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## Capítulo 4: La final de la Champions y la música del pasado
En dos horas se juega la final de la Champions de 2026: PSG vs. Arsenal. No sé cómo quedarán; sería fantástico adelantarse al futuro y volver al pasado para apostar por un resultado exacto que te diera buenos dividendos. Pero de momento no lo recuerdo, así que ahora no es buena idea apostar, a pesar de las facilidades que hay con las casas de apuestas. Hace mucho que no apuesto en ninguna; tengo una mala experiencia sobre una apuesta que consideraba segura.
Recuerdo la final de la Champions del Real Madrid vs. Borussia de Dortmund. El resultado, ni idea. Marcó Carvajal. Qué pena que se retire (creo que corría el año 2024, fue el día de mi cumpleaños, un 1 de junio). Estaba de vacaciones con mis padres, mi hermana y mi mujer en Sant Antoni de Calonge y, mientras soplaba las velas, empezaba el partido. Una final grata para el recuerdo y para mí. Digo que pena que se retire del Madrid (no sé si del fútbol), pero el mejor lateral de todos los tiempos en el Madrid puso su punto final en un partido Real Madrid - Athletic de Bilbao en el Bernabéu, en la jornada 38. Dan igual estos datos y el resultado (si no recuerdo mal, 4 a 2). No es de hace muchos días; vi la despedida de Carvajal en diferido en un vídeo de YouTube y también, una semana antes, la despedida de Antoine Griezmann. Todo un lujazo, dos leyendas del fútbol. El año anterior dejó el Madrid Luka Modrić y un año antes Toni Kroos colgó las botas. Grandes despedidas que me hicieron saltar las lágrimas y recordar que cada año se retiran del fútbol grandes jugadores en muchas ligas; algunas pasan desapercibidas y otras son apoteósicas. 
Soy del Real Madrid, o eso digo; ya no lo tengo tan claro, porque uno se hace o no. La verdad es que mis principios como futbolero parten desde hace muchos años. Siempre he tenido la espina clavada de que una decisión mía cambió mi carácter, mi estado de ánimo, mis amistades, mis logros, mis decisiones y, en particular, mi existencia. Quizás vuelva a este punto en alguna parte de la historia; tampoco conviene retorcerse o remover el pasado escarbando con un bisturí.
Quedan escasos minutos para la celebración del partido, pero ya he sacado algo nuevo: he viajado al pasado y he recordado la canción *Human* del grupo The Killers. Nunca lo había buscado ni me sabía el nombre del grupo, pero esta canción siempre me ha parecido increíble. Ahora tendré que averiguar qué dice la letra. Rueda el balón, toca ver el partido. 
Aprovecho la pausa de hidratación para seguir escribiendo y mencionar que se adelantó el Arsenal en el minuto 5 con gol de Havertz. El partido ha llegado al descanso con la ventaja del Arsenal. Ahora es momento de investigar la letra de *Human*:
> *Close your eyes (Cierra tus ojos)*> *Clear your heart (Despeja tu corazón)*> *Cut the cord (Corta la cuerda)*> *Are we human? (¿Somos humanos?)*> *Or are we dancer? (¿O somos bailarines?)*
Estas son las partes que más me gustan. Te recomiendo que escuches la canción si no la conoces, es como una inmersión en el pasado. Suena igual de bien, pero el inglés es mágico. Yo nunca he sabido lo que es escribir y aprender bien este idioma; mira que lo he intentado, pero para mí es un caso perdido. En la escuela se me daba bien, tenía una profesora llamada Asunción, gran maestra. Hace años que no sé nada de ella, quizás siga viva, quizás ya no. También recuerdo a un profesor que ya se fue hace años llamado Vicente Aldeanueva, creo recordar, pero quizás el apellido me baile. Este recuerdo ya me parece de otra vida. ¿Es otra vida o es la misma pero muchos años después? Hace más de treinta años que dejé la escuela.
Vuelta al momento presente: segunda parte, penalti a favor del PSG. ¿Empatará? Voy a mirar... Gol de Dembélé. El partido acabó 1 a 1 y fueron a penaltis, seguro que ya sabes quién ganó, a mí me lo contaron.
Podría seguir hablando de finales de Champions. No recuerdo la fecha, tendría que consultarlo, pero fue la Séptima del Madrid, con gol de Mijatović contra la Juve (1-0). No sé en qué bar lo vi ni la edad que tenía, pero sí que lo celebré por todo lo alto, aunque no fui a la Cibeles. En Guadalajara tenemos nuestra particular fuente, no recuerdo el nombre; otra cosa más que se me esfumó de la memoria. Entre mis amigos recuerdo a un emocionado Alberto; aunque fui con más, no sabría decirte si fui con la colla, pero yo diría que sí. La memoria no me da para tanto. Es hora de parar de escribir, al menos por hoy. A estas horas me acuesto y me tomo la medicación que me ayuda a dormir y a olvidarme de mi situación. Volveré a escribir mañana... no lo sé, quizás ni me acuerde de que empecé este escrito.
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## Capítulo 5: La primera muerte y las máscaras
Cambio de casa, de ciudad, de amigos. Lo dejo todo. Empiezan las mentiras para encajar; son una protección. No volveré más a ese lugar. Corto lazos, relaciones, todo comienza de nuevo. Solo que no me he muerto: me he mudado. Nos hemos marchado a un mundo que desconozco. No quería hacerlo, pero yo no decido, soy demasiado pequeño. Es mi primera muerte. Volveré algún día, pienso... pero lo empiezo a dudar. Las personas ya no tendrán la misma confianza en mí. Había teléfono, había direcciones, ¿pero quién las quiere? Había caras, había nombres, cada uno tenía su apellido, pero para mí la distancia es insalvable. 
Y mi conocimiento del nuevo mundo es un trauma, uno de muchos. Tanto me afecta que pierdo la sonrisa, la palabra; ya no hablo con amigos, son desconocidos. Todos nos hacemos un nuevo hueco. Mi personalidad cambia, me vuelvo introvertido. Miento más que hablo, como si las mentiras no fueran a ser destapadas; me las creo y me transformo en otra persona. Miento cuando me voy, miento cuando llego. Corto raíces allá, construyo una realidad nueva aquí, olvido un idioma para hablar otro distinto. Ya no sé si mis nuevas amistades son falsas, no confío en nadie. ¿Qué cuenta mi hermano sobre mí a sus amigos, a mis nuevas relaciones? Me he vuelto un mentiroso compulsivo. De momento resisto, me mantengo. Mi estructura es firme, pienso, aunque mis pilares son endebles y mi conciencia muy ruidosa. Apenas tengo 10 años; la tortura mental empieza pronto. Lo que empieza con una grieta se convierte en una fractura y, más tarde, en una falla por la que sale lava. ¿Quién controla la lava? Me arrastra, mi sueño se turba. Hay que seguir, huir de uno mismo, olvidar lo que se ha dicho y callar.
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## Capítulo 6: Cicatrices y puntos ciegos
Hoy he visto un cartel. No iba dirigido a mí, pero me identifiqué con él. A mí me ven, me escuchan (a veces), aunque hable normalmente de banalidades y me cueste hablar de cosas que resultan difíciles de transmitir de manera oral. A veces te explican cosas de las que no tenías ni idea, porque nadie puede acordarse de su pasado a no ser que haya quedado enquistado, y te cuentan detalles que tú no sabes y a los que no sabes qué contestar. No estás preparado para ese tipo de conversaciones. ¿Quién lo está? No es que te resulten indiferentes, simplemente han dejado de ser trivialidades: es un amigo abriéndose a ti con sus traumas, su estado de ánimo. No le puedes decir "ya pasará"; es algo que a ti te han dicho y sabes que no es cierto. Es una cicatriz que alguien te muestra porque empieza a confiar en ti, y tú empiezas a confiar en él o en ella. Sus secretos y traumas se unen a los tuyos. 
Es fácil esparcir mierda, pero muy difícil recogerla después y llegar a saber sus consecuencias. La vida de cada persona se puede convertir en un chapapote que se esparce contaminándolo todo y dejando un rastro que es fácil de seguir pero imposible de restaurar. Cuando algo relevante sale de uno, es mejor que no se conozca al autor; así es mucho más libre de expresar aquello que le traumatiza. 
¿Cómo se cierran las cicatrices internas? Cauterizando tu cerebro a base de fármacos. ¿Es esa la vía? No hay otro remedio: dejar pasar el tiempo, que caduquen tus recuerdos, que tus pesadillas se distancien en el tiempo, poner tierra de por medio, separarse de los objetos o personas que te causan esos recuerdos que hacen que sea imposible pensar más allá de esas temibles experiencias que te han marcado como persona.
No es que estés ciego, es que ves solo a tus semejantes. Vas habitualmente a los mismos lugares. Estás encarcelado, solo que tu jaula es más grande, o eso crees. A veces no puedes salir de tu habitación, ni de tu casa, ni de tu ciudad; te ahogas internamente y te falta el aire como si no te quedaran

Publicado el 4 de junio de 2026 por Granmidas.
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