Texto: El Bicho de Belhomme
de Guy de Maupassant


Cuento


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El Bicho de Belhomme

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Fragmento de El Bicho de Belhomme

Y Rabot se metió en la diligencia como las ratas entran en sus agujeros.

—¡Caniveau!

Un labrador gordo y pesado como un buey, hizo crujir los resortes y se metió en el amarillento carruaje.

—¡Belhomme!

Y éste, alto y delgado, se acercó con el cuello torcido, doliente el rostro, y con un pañuelo aplicado al oído como si un violento dolor de muelas le atormentase.

Todos, por encima de las antiguas y singulares vestiduras de paño negro o verdoso, vestiduras de etiqueta que lucían por las calles de El Havre, llevaban largas blusas azules; y en la cabeza ostentaban gorras de seda, altas como torres, que en el campo normando suponen elegancia suprema.

Cesáreo Horlaville cerró la portezuela y, encaramándose luego en el pescante, hizo chasquear el látigo.

Los tres caballos parecieron despertar. Agitando el cuello hicieron oír el vago murmullo de los cascabeles. Con toda la fuerza de sus pulmones, el cochero empezó a gritar al tiempo que azotaba fuertemente a las bestias, que se agitaron, hicieron un esfuerzo, y arrancaron al trote corto, arrastrando a la diligencia que los baches sacudían, armando un sorprendente ruido de hierro viejo y cristales mientras, en el interior, los viajeros alineados en las dos filas de asientos se veían zarandeados de lo lindo.


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7 págs. / 13 minutos.
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Publicado el 13 de febrero de 2017 por Edu Robsy.


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