Texto: La Herrumbre

Guy de Maupassant


Cuento


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La Herrumbre

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Fragmento de La Herrumbre

Courville, Darnetot y las dos mujeres reían mucho con estas narraciones, en las cuales el Barón ponía toda su alma; se animaba, levantaba los brazos, gesticulaba con todo su cuerpo; y llegando a referir la muerte de la pieza, reía también de un modo formidable, preguntando siempre a la conclusión:

—Es curioso, ¿verdad?

En cuanto la conversación tomaba otro rumbo, Gontrán se distraía y se arrinconaba canturreando algún toque de caza; de modo que, si un instante callaban todos, produciendo un brusco silencio de los que a veces cortan el rumor de las palabras, se oía de pronto la imitación de la trompa: "Ton, torontón, ton", que hacía Gontrán, inflando los carrillos como si realmente aplicase a sus labios el instrumento.

Había consagrado a la caza su vida, sin pensar en otra cosa, y envejecía sin comprender siquiera que pudo vivir de otro modo, con otras preocupaciones. Bruscamente, un ataque de reuma lo retuvo dos meses en cama, poniéndolo a punto de morir de aburrimiento y tristeza. Como no tenía mujer alguna que le sirviese, pues le guisaba un viejo criado, éste no acertó a prepararle bien las cataplasmas ni a prevenir los mil cuidados que necesitan los enfermos. Su montero fue su enfermero, y como se aburría casi tanto como su amo, dormía de noche y de día en un sillón mientras Gontrán juraba y se desesperaba entre las sábanas.


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7 págs. / 13 minutos / 13 visitas.
Publicado el 8 de junio de 2016 por Edu Robsy.