Texto: La Manera de Yarkanda
de Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


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La Manera de Yarkanda

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Fragmento de La Manera de Yarkanda

—Eso es hacer las cosas a fondo, ¿no te parece? —comentó el sobrino.

—Pues verás —replicó sir Lulworth—, la idea de la migración se había visto algo desacreditada por la manera poco entusiasta en la que se llevó a cabo en ocasiones. A nadie le impresionaba la información de que tal publicación era editada y producida en Lisboa o en Innsbruck si acertaba a ver al principal periodista o al editor de arte almorzando como de costumbre en sus restaurantes habituales. Por ello el Daily Intelligencer decidió no dejar ninguna rendija a las cábilas con respecto a la autenticidad de su peregrinaje, y hay que admitir que en cierta medida las disposiciones tomadas para enviar los ejemplares y seguir con las columnas habituales del periódico durante la larga estancia en el exterior funcionaron muy bien. La serie de artículos iniciados en Bakú acerca de «lo que podría hacer el cobdenismo por la industria del camello» están entre lo mejor de las recientes contribuciones a la literatura sobre el libre comercio, mientras que las opiniones sobre política exterior enunciadas «desde un tejado de Yarkanda» demostraban que podían captar la situación internacional al menos tan bien como las que habían germinado a menos de media milla de Downing Street. También estuvo dentro de las mejores y más antiguas tradiciones del periodismo británico la forma en que se regresó a casa: sin ampulosidad, anuncios personales ni entrevistas rimbombantes. Hasta se rechazó cortésmente un almuerzo de homenaje en el Voyagers' Club. La verdad es que llegó a pensarse que la modestia de los periodistas a su regreso se estaba llevando hasta unos límites rayanos en la pedantería. A los jefes de cajistas, empleados del departamento de publicidad y otros miembros no pertenecientes al personal editorial, que por supuesto no habían tomado parte en la gran migración, les resultaba tan imposible entrar en comunicación directa con el editor y sus satélites, ahora que habían regresado, como cuando habían resultado excusablemente inaccesibles por encontrarse en Asia Central. El botones, malhumorado por el exceso de trabajo, único eslabón conector entre el cerebro editorial y los departamentos de negocios del periódico, explicó sardónicamente este nuevo apartamiento diciendo que ésa era «la manera de Yarkanda». Casi todos los reporteros y subeditores por lo visto habían dimitido de manera autocrática después de su regreso, y los nuevos habían sido contratados por carta; para ellos, el editor y sus asociados inmediatos eran una presencia invisible, que daba sus instrucciones tan sólo mediante breves notas mecanografiadas. El ajetreo humano y la simplicidad democrática previos a los días de la migración habían sido sustituidos por algo místico, tibetano y prohibido, y con la misma situación se encontraron los que hicieron proposiciones sociales a los recién regresados.


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5 págs. / 10 minutos.
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Publicado el 13 de mayo de 2018 por Edu Robsy.


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