Texto: El Eco
de Henry James


Novela


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El Eco

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Fragmento de El Eco

Se vengó del desconcertante trato que dispensó el artista a su primer intento de acercarse a la señorita Francie permitiéndose, al cabo de otra semana, un segundo intento. Llegó a eso de las seis, cuando supuso que habría regresado de sus andanzas del día, y su prudencia se vio recompensada cuando vio a la joven sentada en el patio del hotel con su padre y su hermana. A pesar de que el señor Dosson era nuevo para Gaston Probert, la inteligencia del visitante supo abarcarle. Como siempre, el grupito estaba esperando al señor Flack de un momento a otro, y sus integrantes se habían reunido abajo para que pudiera recogerlos cómodamente. Tenían, en el primer piso, un costoso salón decorado en blanco y oro, con sofás de damasco carmesí; pero había algo solitario en toda aquella pompa y el lugar se había convertido fundamentalmente en un receptáculo para sus altos baúles, con un cucurucho medio vacío de chocolatines o marrons glacés en cada mesa. A partir de la primera visita del joven Probert, su nombre pasó a estar a menudo en los labios del sencillo trío, y el señor Dosson se puso aún más bromista, sin hacer ningún secreto de su percepción de que Francie daba en el blanco «cada vez». El señor Waterlow les había devuelto la visita, pero eso era bastante lógico, puesto que eran ellos los que le habían buscado a él. Al otro no habían ido a buscarlo; era él quien los había buscado a ellos. Cuando, estando allí sentados, entró en el hotel, esta búsqueda y su probable motivo resultaron sorprendentemente gráficos.


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174 págs. / 5 horas, 5 minutos.
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Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.


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