Texto: Los Matrimonios

Henry James


Novela corta


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Los Matrimonios

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Fragmento de Los Matrimonios

Tras el desayuno el Coronel Chart comentó que lo complacería que llevase a sus hermanas a ver a su amiga en uno o dos días, y ella respondió que debía obedecerle. Sostuvo la mano de Adela un instante, con una pregunta en la mirada que al momento cristalizó en severidad. Deseaba saber que ella lo perdonaba, pero también quería aclararle que esperaba responsabilidad por su parte, que fuera por el buen camino. Adela retiró la mirada; verdaderamente se avergonzaba de él.

Esperó tres días y entonces llevó a sus hermanas a la guarida de la leona, como habría estado dispuesta a llamarla. Aquella reina de las bestias se hallaba rodeada de visitas, como Adela sabía que la encontraría; era su “día” y la ocasión que ella había elegido. Antes, había pasado todo el tiempo con sus acompañantes, hablándoles sobre su madre, avivando su recuerdo, haciéndolos llorar y haciéndolos reír, recordándoles las horas sacras de su más tierna infancia, contándoles anécdotas de ella misma. Pese a todo, les confió su convencimiento de que Mrs Churchley no suponía una amenaza en modo alguno, y que cuando llegara el momento se apartaría de ellos definitivamente. Contempló con asfixiante irritación que las niñas disfrutaban de la visita en Prince’s Gate; nunca habían estado en un lugar tan “adulto”, ni habían visto tantos sombreros elegantes y cutis brillantes. Además, las tomaban en consideración con cierto interés, como si, al ser elementos menores pero perceptibles de la nueva vida de Mrs Churchley, las hubieran descrito con anterioridad y fueran las heroínas de la ocasión. Había tantas damas presentes que la protagonista apenas se dirigía a ellas; solo las llamaba pichoncitas y les pedía que repartieran tazas de té y pan con mantequilla. Todo aquello era inmensamente placentero e intensamente emocionante para Beatrice y Muriel, que mostraban marcas rojas y redondeadas en las mejillas a su salida. Adela se estremecía al pensar que las niñas de su madre ahora eran las pichoncitas de Mrs Churchley y parte del mobiliario de la horrible consciencia de Mrs Churchley.


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87 págs. / 2 horas, 33 minutos / 27 visitas.
Publicado el 6 de mayo de 2017 por Edu Robsy.