Texto: La Muchacha de los Ojos de Oro

Honoré de Balzac


Novela corta


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La Muchacha de los Ojos de Oro

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Fragmento de La Muchacha de los Ojos de Oro

Esta perspectiva del París espiritual demuestra que el París físico no puede ser sino lo que es. Esta ciudad con diadema es una reina que, siempre preñada, tiene antojos irresistiblemente rabiosos. París es la cabeza del orbe, un cerebro que revienta de genialidad y dirige la civilización humana, un gran hombre, un artista que crea sin cesar, un político con visión segunda, y no le queda más remedio que tener las arrugas del cerebro, los vicios del gran hombre y los caprichos fantasiosos del artista y estar de vuelta de todo como el político. En su fisonomía se sobreentienden la germinación del bien y del mal, el combate y la victoria; la batalla ética de 1789, cuyas trompetas resuenan aún en todos los rincones del mundo; y también el abatimiento de 1814. ¡Esta ciudad no puede, pues, ser más ética, ni más cordial, ni más limpia que la caldera motriz de esos estupendos piróscafos que admiramos cuando cortan las aguas! ¿No es acaso París un sublime bajel cargado de inteligencia? Sí, su escudo de armas es uno de esos oráculos que se permite a veces la fatalidad. La VILLA DE PARÍS tiene el palo mayor todo de bronce y esculpido con victorias; y el vigía es Napoleón. Cierto es que la nave cabecea y tiene un balanceo, pero recorre el mundo, hace fuego en él por las cien bocas de sus tribunas, surca los mares de la ciencia, boga por ellos a toda vela, vocea desde lo alto de las gavias por boca de sus sabios y sus artistas: «¡Adelante! ¡Seguidme!». Lleva a bordo una gigantesca tripulación que se complace en adornarla con nuevos banderines. Grumetes y chiquillos que ríen entre las jarcias; lastre de compacta burguesía; obreros y marineros embreados; en los camarotes, los felices pasajeros; elegantes midshipmen fuman puros asomados a la batayola; y luego, en la tilla, sus soldados, sus innovadores o sus ambiciosos, abordarán en todas las orillas, pidiendo, al tiempo que derraman su vivo fulgor, fama que es placer o amores que exigen oro.


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89 págs. / 2 horas, 36 minutos / 66 visitas.
Publicado el 15 de mayo de 2017 por Edu Robsy.