Texto: La Paz del Hogar

Honoré de Balzac


Cuento


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La Paz del Hogar

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Fragmento de La Paz del Hogar

El general Moncornet cogió entonces por el brazo á un hombre pequeño y gordo cuyos cabellos entrecanos y ojos vivos se divisaban en todas las dinteles de las puertas, y que se mezclaba sin más requisito en distintos grupos donde se le acogía respetuosamente.

—Querido amigo Gondreville, le dijo Moncornet, sepamos por fin quién es esa mujer encantadora, sentada al pié de aquel inmenso candelabro?

El candelabro? Ravrio, amigo mío; Ysabey ha dado el dibujo.

—Sí, sí, conozco perfectamente tu gusto y tu fausto en el moblaje, pero... la mujer..?

—La mujer? tengo yo obligación de conocerla? será sin duda alguna amiga de la mía.

—Ó tu querida, viejo marrullero.

—Te doy palabra de que no. La condesa de Gondreville es la única mujer capaz de invitar á personas que nadie conozca.

Á pesar de esta observación llena de hiel, nuestro hombre gordo conservó en sus labios la sonrisa de satisfacción interna que había hecho nacer en él la suposición del coronel de coraceros. Éste se reunió en un grupo no lejano al maestro de ceremonias, atareado en buscar, aunque en vano, informes acerca de la desconocida, le cogió por el brazo y en voz baja, le dijo: —Mi querido Marcial, ándale con mucho cuidado! Observo que hace algunos instantes que la señora de Vaudremont le mira con una gran insistencia, y es capaz de adivinar lo que vas á decirme con solo ver el movimiento de tus labios; nuestras miradas han sido ya significativas en extremo, las ha apercibido, ha seguido su dirección, y la creo actualmente más ocupada que nosotros mismos en la señorita del vestido azul.


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41 págs. / 1 hora, 12 minutos / 37 visitas.
Publicado el 23 de octubre de 2016 por Edu Robsy.