A La Señorita Isabel Ruremonde

Horacio Quiroga


Poema


Cogiéndome las manos, me decía a menudo: —Ven

ga, amigo mío, ya sabe cuánto le queremos. ¡Ha sido

usted tan bueno con nuestra pobre enferma!


Pálida, débil, vestida siempre de heliotropo de

que era el claro perfume, un poco triste, aun en los días

que fueron menos severos para su enfermedad, su al-

ma se perdió en una corta vida que ella misma —¡oh

pobre criatura!— agostó deliciosamente.


Fue largo tiempo desconocido el mal que la aque-

jaba: —¿Sufres, mi hija? ¿qué sientes, querida mía?

—Nada, mamá. —Y, no obstante, bien visible era

su delgadez, y bien se notaba que mentía, la enferma

señorita.


En Niza, cuando la estación enfriaba los teatros y

en el aire cálido eran los pañuelos más suaves en las

bocas, su plácida agonía se acentuaba más, la dañaba

ser vista, quería estar sola; —ya de lejos para no aver-

gonzar a la señorita, bajó los profusos encajes que as-

cendían a ratos, sus piernas tan delgadas llevaban con-

sigo, como una promesa asaz melancólica, la sonrisa

de los caballeros.


¡Señorita, señorita! qué motivo de pena iba a ser

usted para su familia!


Velaba solo, en la luz de la lámpara cariñosamen-

te descendida.


Me había acercado en silencio. ¡Oh, sí, muy en-

ferma estaba! Blancas las mejillas, los labios ya sin

bondad, los ojos puros aún, en que la abusada agonía

de muchos momentos había fijado una a una —como

violetas de amor— imperceptibles desgracias.


Señorita imprudente —repito— ¿es perdonable

que hiciera usted tan poco caso de la vida?


—¿Es usted, amigo mío? —Sí, querida soy yo.

Y como era ya hora propicia, extendí el vaso hacia su

sensible boca.


—Pero —me dijo sonriéndome dolorosamente—

mis manos...


—¡Ah, es verdad! —Y acariciando casi para no

lastimarla, la ancha pulsera de oro que las unía sobre

los almohadones, desprendí sus manos, manos queri-

das y culpables, manos malas, que el médico mandó su-

jetar a fin de que no martirizaran más a la pobre niña.


Publicado el 21 de septiembre de 2026 por Brian.
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