Al Autor De La Dame Seule

Horacio Quiroga


Poema


Y como el buen cura me abandonara, permanecí

solo, con las manos sobre el respaldo de la cama, en el

cuartito donde había vivido los últimos meses.


—¿Sabes? quisiera ser una heroína de Mendès;

pero estoy muy enferma, muy enferma, mi pobre Lu-

ciano!


Muerta. Bien muerta estaba mi pobre Sadie! Era

tan alegre, que su retiro al campo nos causó gran pena.

—¿Que usted ríe mucho? Sadie reía más aún. —¿Que

usted esconde las manos para que no se las besen?

Sadie calzaba guantes, y los quitaba tan a menudo!

—¿Que usted ha desdeñado a cuatro caballeros, muer-

tos de amor por usted? Sadie no tenía memoria, y en-

fermó del pecho deshojando azahares bajo el cielo pá-

lido de Niza.


¡Pobre señorita delgada! ¡que vacío dejó usted

entre nosotros!


Ya de noche le habían sido dados los últimos con-

suelos. Leía la última carta:


"La señorita se muere. Iba mejor, y desde ano-

che está en agonía. —El médico no sabe a qué atri-

buir esa brusca resolución de la enfermedad. Teme

que algún exceso de la señorita haya apresurado el 

fin. De cualquier modo, la esperan. Venga en se-

guida."


A la luz del recuerdo final, un persistente olor de

belladona, flotaba dentro de la pieza, impregnaba mi

cartera, hablaba de sus manos, fijaba en los objetos

una caricia insensible de la niña nunca más; sus guan-

tes de usted, señorita, bien tibios; piedras raras, re-

cogidas en las tardes suficientes que no hacían daño a

su enfermedad; pañuelos leves, rosados aún de la bo-

ca dolorida y para siempre pequeña; juguetes de Pa-

rís, pintados con los últimos colores; retratos de ac-

trices parisienses, paisajitos de oleografía, cuentos de

Mendès —el autor preferido de usted, señorita,— lle-

nos de su perfume—de qué modo complaciente para

aquellos excesos que el médico no pudo descifrar, sus

amores de usted, tan querida y extraviada, la langue

entêtée et tremblante du chien tout petit...


Publicado el 21 de septiembre de 2026 por Brian.
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