Bajo el imperio de una noche délhica,
Como una estrofa de cadencia extraña
Late en mi sangre y en mis sienes vibra
Una caricia de intención profana.
Mi corazón se exalta en las promesas
De esa delicia, de un harem robada,
Y circandan mi frente los deseos
Como aureola de vergüenzas pálidas.
La tarba de mis sueños delicaentes
—Eunucos le princesa codiciada—
Velan en el misterio de mis fiebres
La gestación pretexta de mis ansias.
Por incienso le ofrecen mis memorias
El pecador recuerdo de mi amada;
Y por lecho le tienden mis amores
El serrallo inviolado de mi alma.
