Quiero que sepas, señora
los martirios
que me invaden en la hora
de delirios
cuando se gime y se llora.
Si me niegas tus favores
tan ansiados,
verás crecer mis dolores
y en mis brazos desmayados
no habrá amores.
En la noche de mis males
la congoja
todas mis flores deshoja,
y hoja a hoja
van cayéndose desleales.
En el nido de tu boca
dulce poma,
suave aroma
de redoma
se desprende de tu boca.
Entre tus brazos de nieve
estaría
la vida entera. En un día
toda la vida que es breve
pasaría.
Si mi pasión te querella
reina bella,
desfaceré tus enojos
dando rienda a tus antojos
de pudorosa doncella.
Haré de mi pecho escudo
de defensa.
Y al que piensa
de ti mal, combate rudo
libraré al vengar la ofensa.
Llegue mi acento a tu oído
y anhelante,
aguardaré el dulce instante
en que me llames amante
a compartir de tu nido.
